Quienes siguen nuestros editoriales sabrán reconocer los espacios dedicados a los obispos de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP). Hoy haremos mención al comunicado emitido por la Arquidiócesis de Asunción, que hace referencia al debate nacional sobre la reforma de la Caja Fiscal y la situación del sistema de jubilaciones en Paraguay.
1. Tiene razón cuando cita la necesidad de ajustes, que son medidas de urgencia y que no es suficiente para evitar el colapso financiero. Obvio, no resuelve el problema de fondo ni representa la arquitectura integral de seguridad social. Ciertamente habrá de reducir el déficit, y el sistema sigue fragmentado, desigual y excluyente. Lo que faltaba decir es que es un primer paso que ningún otro gobierno anterior se animó a ejecutar.
2. Compartimos que la solución debe poner como centro la dignidad humana y debe basarse en la justicia y en la transparencia. Claro que es imperativo ir hacia un sistema donde no haya ciudadanos de primera y de segunda. Tampoco es ético que existan privilegios políticos frente a un pueblo al que se le pide sacrificio. Lo que faltó agregar, que es por eso que debe avanzar la reforma hasta de manera gradual, pues más del 85% de la gente no puede pagar la Caja Fiscal que beneficia al menos del 15%.
3. Cien por ciento aprobamos el llamado a un Pacto Social Nacional. En eso creemos como piensa la Arquidiócesis: se debe definir los niveles de seguridad social, salud y educación, con una hoja de ruta sobre su costo y financiamiento. Solo añadimos, en este punto, que la Iglesia debe animarse a observar que quienes hoy ponen trabas son los que ayer pedían la reforma. El liderazgo exige la verdad, duela a quien duela.
4. Aprobamos eso de que por equidad y justicia que “a quien mucho se le dio, mucho se le reclamará”. En este pedido, ciertamente, la Iglesia debe hacer hasta lobby privado por su conocida influencia. En especial con aquellos que por décadas ganaron dinero pero —en contrapartida— casi siempre golpeando al Paraguay, evitando su progreso por tocar sus intereses privados. Aunque cueste decirlo, es así.
5. Es una buena señal que la Iglesia vuelva a poner el foco en los jóvenes. Más que un "llamado especial a la juventud paraguaya", debe volver a intensificar su contacto con los grupos juveniles (catequesis) para construir un futuro mejor con esa generación que será protagonista en el devenir. Pues es así como afirma el texto religioso: la seguridad social es una forma de caridad y justicia intergeneracional.
6. Nos parece razonable su reparo en el sentido de que la Iglesia no haya sido convocada en la elaboración del plan de reforma. Sin embargo, debe recordarse que en momentos de la historia paraguaya la Iglesia no esperó el llamado, sino más bien lideró amplias convocatorias. Creemos que el Paraguay es responsabilidad colectiva donde la participación, desde el espacio que fuere, debe ser constante, permanente y bien intencionada.
El último punto del comunicado de la Arquidiócesis sí merece nuestro absoluto respaldo: la Iglesia no puede ser una espectadora pasiva. En este ítem, terminamos con las mismas palabras iniciales: ya en varios editoriales hemos solicitado que la Iglesia sea protagonista, para lo cual la exigencia es prudencia, objetividad, claridad, equilibrio, coraje y sabiduría.
Moraleja: el Paraguay precisa de cada uno de sus hijos; es decir, de todos los sectores políticos, sociales, gremiales, prensa y, en especial, de quienes buscan el bien común en nombre de Dios. ¡¡¡Así sea!!!


