En este 2 y 3 de febrero se cumplen 37 años de libertad ininterrumpida. Es posible que en la recordación de esa gesta exista división entre quienes siguen culpando al pasado por el presente en que solo quieren ver lo negro y quienes asumen su propia responsabilidad con la libertad para afirmar un provechoso devenir en beneficio de la mayoría.
La Tribuna, en sus 100 años de existencia, sufrió los avatares de distintos gobiernos cerrados que pasaron. Fue clausurado como diario, su línea periodística violentada y sus colaboradores sintieron el rigor de la persecución. Sin embargo, comprende, por sabiduría heredada, que el desarrollo como sociedad se inicia asumiendo en tiempo presente el deber con la libertad vigente en la República.
Es que la sociedad abierta es un espacio en que se debe fomentar el juramento con uno mismo. Es una coyuntura en la que debe consustanciarse un contrato ciudadano, constancia de fidelidad, de tarea sostenida por el país. Es deber de cada persona, sector político, conglomerado económico, grupo religioso y entidades (las que sean) empoderarse de la democracia para así colaborar con la República.
La exigencia con uno mismo para el éxito de la democracia es requisito sine qua non. Es un elemento indispensable e ineludible para construir una nación solvente, con autosuficiencia. Ese Paraguay grande y poderoso está en la actitud y aptitud de cada paraguayo y paraguaya que están gozando de la libertad.
A 37 años y continuar anclado en el pasado solo para quejarse ya resulta una conducta poco productiva. Al no ser útil hasta puede ser asociado a la necedad. El lamento constante distrae las acciones presentes necesarias para avanzar. A no ser que fuese dada con buena retrospectiva pedagógica para apreciar, como deben ser también los logros presentes, entendiendo la obligación de la generación que sabe administrar la autodeterminación.
La libertad para expresar opiniones tiene que servir también para crear un sentido de pertenencia y afecto sincero y profundo con el futuro de la nación. Las sociedades democráticas que dan calidad a la libre expresión son pilares del progreso, que es posible con la mística proactiva y las acciones positivas cotidianas.
La sociedad abierta facilita al ciudadano y la sociedad civil organizada a trabajar con las instituciones para resolver desafíos comunes. Obviamente, en lo público debe haber acceso a la información y la rendición de cuentas, que permiten e incentivan la corresponsabilidad.
La Tribuna valora la libre expresión que se vive en Paraguay. La toma como una misión con el país, con responsabilidad y no como derecho absoluto. La libertad implica el deber de respetar los derechos de terceros, como la honra, la intimidad y la reputación, por lo que tratamos de evitar la difusión de información falsa o injuriosa.
La Tribuna, por el peso de sus años y por sentir sobre sus hombros, sabe distinguir la sociedad cerrada y la sociedad abierta. Festeja la libertad de prensa y, además de asumirla como derecho, se esfuerza cada día en enaltecerla porque tiene la convicción de que es parte de su compromiso, como medio de prensa, con el devenir del Paraguay.


