Cada dirección de medios es libre de optar por la prensa que informa o la prensa que daña. Una persigue la verdad por su deber con el público, la otra manipula por metas personales; una aporta conocimiento, la otra distorsiona la realidad; una anhela la conciencia social, la otra persigue el daño reputacional.
Cada dirección de medios define si colabora para construir opinión pública o si cree que lo único válido es la opinión publicada. La primera se mueve por principios altruistas, la segunda, por una costumbre de vida egocéntrica.
Cada dirección de medios es soberana en asumir la ética que aporta a la conciencia social o recurre a las medias verdades que perjudican. Una intenta que la ciudadanía se movilice por los puntos coincidentes, la otra solo quiere la división social.
Cada dirección de medios define su línea en el esfuerzo por ubicar elementos que fortalezcan la democracia o se empecina en distorsionar la realidad para debilitar las instituciones.
Cada dirección de medios toma la decisión sobre un periodismo que respeta el noble oficio de informar o usa el periodismo para fines falsos y maliciosos.
Cada dirección de medios tiene el albedrío en promover el debate público o machacar repetidamente con eso de "miente, miente, que algo queda" buscando imponer una única versión.
Cada dirección de medios baja la directiva a su equipo para respetar los hechos o arengar para que continúe la letanía de relatos interesados. La primera está con el rigor de la verificación; la segunda está inmersa en la tarea sucia.
Cada dirección de medios decide trabajar con bases deontológicas para servir al bien común o juega con las suposiciones y prejuicios sobre personas e instituciones. Una sueña con una convivencia más equitativa, la otra está con la polarización, cuyo final es impredecible.
Cada dirección de medios tiene la libertad de caminar de acuerdo a los acontecimientos o disfrazarla con notas sesgadas tratando de trastocar las emociones.
Cada dirección de medios toma su línea editorial para dar el suceso probado o repite titulares deliberados y sensacionalistas. Una procura la objetividad, la otra saca el contexto y hasta teoriza sobre conspiraciones.
Cada dirección de medios tiene la autonomía en comprender el valor del compromiso, respetando la fuente, o prioriza sin base los insultos y adjetivos exagerados.
En fin, cada dirección de medios es libre de respetar la obligación con la verdad para construir o mantener el menoscabo a ella para destruir y/o usando a la prensa para creerse estar por encima del mismo Estado, con la intención de continuar lucrando a costa de la mayoría de la población.


