Editorial

La libertad que vive el Paraguay invita a la alianza público-privada

Ahora que aún es noticia en el mundo los ecos de esa Venezuela donde no existía ni siquiera libertad de organización y de trabajo en la era Nicolás M…

| Por La Tribuna
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Ahora que aún es noticia en el mundo los ecos de esa Venezuela donde no existía ni siquiera libertad de organización y de trabajo en la era Nicolás Maduro, es conveniente observar la oportunidad que hay en esas áreas en Paraguay. A veces no se percibe o no se valora en su dimensión lo que se posee.

Valga la introducción para reflexionar en lo mucho que tienen que ver los diferentes gremios empresariales en el desarrollo y progreso de la nación. El sector privado es clave por su capacidad de generar empleos dignos, por su aporte al seguro social y por el tributo que deposita a favor de las arcas públicas.

En este espacio de libertad iniciado en 1989, la carga de presión se hizo más al espacio público y con razón. En ese entorno, el mayor peso siempre cayó sobre el gobierno de turno, y bien que sea así. Sin embargo, debe entenderse que las autoridades que pasaron por los poderes del Estado son recursos humanos que salieron del sector privado.

Ya que hemos empezado comparando con lo que pasaba bajo el mando de Maduro, en el país los gremios gozan de una plena libertad, que hasta interpela, y son críticos a los gobernantes. En algunos casos con calificaciones y adjetivos que golpean la propia investidura institucional. En medio de dicha realidad, es razonable asumir que la sociedad —en su conjunto— tiene su parte para hacer efectiva esa mejor República que se anhela.

La Tribuna publicó ayer la unidad gremial y trabajo sostenido que impulsan al sector agroproductivo. Se refirió a la convergencia y coordinación de asociaciones (gremios) de productores, industrias y empresas del sector agro para defender intereses, elevar competitividad y gestionar financiación e innovación.

Es bueno que se comprenda la ventaja de la asociación. De hecho, el 2025 fue un año de proyección para la producción. La unidad gremial se está consolidando como factor decisivo para sostener la actividad en el campo, fortalecer las cadenas de valor y reafirmar el rol del agro y la agroindustria como motores del desarrollo nacional. Una tarea que hace la Unión de Gremios de la Producción (UGP).

Existen otras entidades poderosas como la Asociación Rural del Paraguay (ARP), que con 140 años de historia se consolidó como un actor central para transformar la ganadería en uno de los principales pilares de la economía nacional. Su rol fue clave en la modernización del sector y en la venta de la carne paraguaya en los mercados internacionales.

Ni hablemos del gremialismo activo de la Federación de la Producción, Industrias y Comercio (Feprinco), como tam­bién lo es la Unión Industrial Paraguaya (UIP). Se tienen otros órganos, como el Centro Azucarero y Alcoholero del Paraguay, y grupos específicos como la Federación Paraguaya de Madereros, el Centro de Industriales Metalúrgicos, la Cámara Paraguaya de Sanidad Agropecuaria y la de lácteos, entre otros muchos.

Intentamos hacer foco en el capital social que existe. Por un lado, el poder político que da condiciones para el gremialismo y, por otro lado, las asociaciones que con trabajo ayudan al crecimiento de la nación guaraní. Un paso más adelante, tal vez, sea la mayor cercanía entre lo público y lo privado para que se blinde la eficiencia como servicio a la población.

Alentamos a hacer realidad esa sinergia entendida como alianza público-privada (APP). Esa avanzada madurez ayudará a ambos sectores en servicios y proyectos, innovación tecnológica, aceleración de infraestructuras y reducción de costos. Es hora de sacar mejor provecho de la libertad y así lograr beneficios sociales y económicos, bien común, que un sector solo no podría alcanzar.

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