Invitamos a reflexionar sobre dos temas en el entendimiento que se anhela crecer como sociedad. Una es la discriminación selectiva (1). El otro es el grado de inversión (2). La primera está basada en prejuicios, falta de objetividad, hasta (se diría) de honestidad intelectual (1). Lo otro pone dudas sobre esa campaña mediática que pretende colocar al país como territorio casi inviable para vivir (2).
La discriminación selectiva (1) tiene esencia en ver algún posible error de un solo lado. En cambio, se considera normal si lo mismo sucede en el bando aliado, hasta, en algunos casos, se trata de ocultarlo. Un ejemplo, cuando el presidente Lugo se reunía con ministros de la Corte Suprema de Justicia, no pasaba nada. En cambio, el encuentro de Peña con miembros de la CSJ se quiso instalar como el peor delito del mundo.
El grado de inversión (2) contradice esos editoriales y portadas, que machacan que Paraguay es gobernado casi por piratas, que no tiene Estado de derecho y donde casi no rige la Constitución. Sin embargo, las más exigentes calificadoras del mundo dan notas distinguidas. O los medios mienten (o como mínimo son exagerados), o Standard & Poor’s y Moody's no son veraces (o como mínimo tienen alta miopía). Así las cosas, parecería que algo no cuadra.
Quienes están con la discriminación selectiva (1) deben asumir que se vive en la era de la comunicación y la tecnología. Eso significa que la gente está informada y que, además de estar informada, ella misma informa por las redes sociales. Los medios dejaron de poseer el monopolio. El poder también tiene la masa ciudadana. En pocas palabras, debe comprenderse que es más difícil, complicada, la manipulación.
El grado de inversión (2) coloca en claridad que la sociedad externa se basa en datos certeros, estadísticas; en hechos. Las calificadoras cuidan su propia imagen, por lo que no se guían por antojos, rumores y especulaciones. Menos aún cuando tienen medida la polarización y el fanatismo como se manejan unos medios de comunicación. En expresiones directas, los inversores, por seguridad natural, recurren a fuentes confiables.
La moraleja para los que operan dentro de la discriminación selectiva (1) es que en una sociedad global dejó de funcionar el tratamiento diferenciado. Persistir en el trato desigual a personas, grupos gremiales, sectores religiosos y entidades políticas revela poca o nula capacidad de entendimiento de que profesionales foráneos acostumbran a contrastar la información que disemina los medios de comunicación.
La moraleja que deja el grado de inversión (2) es que la adrede actitud de engañar al público con medias verdades o escritos redactados con encono no pasan el chequeo, monitoreo y la reconfirmación que hacen empresas de envergadura. Una muestra fiel de eso son las valoraciones de Standard & Poor's (S&P) y Moody's sobre el Paraguay.
En síntesis, el grado de inversión debe servir, también, a la prensa (nos incluimos) para desarrollar el sano compromiso por la neutralidad y la pluralidad. Es un engaño a uno mismo el despropósito de operar en la actualidad dentro de la filosofía que toma como arma certera la discriminación selectiva. Los estereotipos premeditados ya caducaron en esta nueva comunidad global conectada en sinergia por la tecnología y la información.


