Editorial

Tras el grado de inversión, el mundo tiene en la mira al Paraguay

Son tres los principales desafíos que deja al país el grado de inversión otorgado por Standard & Poor’s elevando la calificación soberana a BBB- (y M…

| Por La Tribuna

Son tres los principales desafíos que deja al país el grado de inversión otorgado por Standard & Poor’s elevando la calificación soberana a BBB- (y Moody’s), con perspectiva estable: protección de la institucionalidad republicana (1), extensión del crecimiento económico (2) y hacer que la pujante macroeconomía alcance, con suficiencia, al ciudadano de a pie (3).

Paraguay, al alcanzar el grado de inversión de dos de las tres calificadoras de riesgo más importantes, se ratifica entre las macroeconomías de mayor confianza de América Latina. Eso compromete aún más al Ministerio de Economía y Finanzas, al Banco Central y a los técnicos en blindar la autonomía financiera, ampliar la gestión gerencial y proyectar una economía sostenible (1).

La aprobación de Standard & Poor’s (S&P) y Moody’s avalan al Paraguay como destino confiable. El país está hoy en las grandes ligas (pese a los agoreros mediáticos de décadas), eso revela habilidades y liderazgos que aventuran, incluso, que a mediano plazo se pueda tener tam­bién la nota de Fitch Ratings, que junto a las dos calificadoras mencionadas tienen el control aproximado del 95% de las evaluaciones de los mercados financieros (2).

Las dos valoraciones (S&P y Moody’s) condicionan a mantener, potenciar y extender la tarea coherente en el tiempo. Pues allí, en verdad, empezará a fluir el capital inversor que produce masivos empleos. En su consecuencia lógica, el beneficiario directo será la gente de calle con oportunidades de trabajo e ingresos salariales (3).

Está probada la resiliencia nativa en un entorno regional de riesgo, la efectividad que pueden tener las políticas públicas y se percibe la confianza de los inversionistas en la institucionalidad paraguaya. Todo eso debe protegerse (1). Al mismo tiempo, debe ser perenne la fortaleza y cumplirse con las reformas que faltan en el Estado (2). La consolidada seriedad del sector público garantizará las condiciones favorables para la plena inversión privada (3).

En su última Carta Pastoral, la Iglesia Católica dejó en claro que el Paraguay es una responsabilidad nacional. Esa sinceridad eclesial y el momento político/económico se pueden unir en el ideal para que se asuma, con hechos, el mutuo compromiso entre gobernantes y gobernados. Por encima de que se habla más del manejo monetario por la calificación de S&P, hay otros sectores meritorios, pues la buena nota también fue por la estabilidad política, la seguridad jurídica y la previsibilidad de una ciudadanía pacífica.

La realidad está dada para avanzar hacia el esperado objetivo principal (la secuela esperada del grado de inversión), que es la cadena de una mayor cantidad de empleos mediante la inversión. Es el punto principal y culminante que conlleva mayor crecimiento económico y aumento de la capacidad productiva.

Concluimos traduciendo de manera simple el bien común anhelado por la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP): eso significa que el valor absoluto de la macroeconomía está dado cuando existe el efecto derrame a favor de los sectores sociales.

En una sociedad capitalista eso se materializa con inversiones que den trabajo a la gente y mayor tributo al Estado, para brindar calidad de vida a las familias y mejor asistencia a la población. Debe sacarse provecho entonces a la aprobación dada por Standard & Poor’s.

También te puede interesar

Últimas noticias