El bien común exige un compromiso nacional

La transición planificada entre elecciones libres y ejecución de políticas públicas, que goce de la confianza ciudadana, es el paso siguiente que deb…

| Por La Tribuna
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La transición planificada entre elecciones libres y ejecución de políticas públicas, que goce de la confianza ciudadana, es el paso siguiente que debe priorizarse en el país. El espacio de libertad precisa protegerse. Es más, debe avanzar. La legitimidad perenne de la democracia va más allá de la rutina de las elecciones.

Ya resulta insuficiente girar sobre lo mismo e irrita la polarización que solo beneficia a quienes la sostienen. No es sano continuar con la excusa de culpar al pasado para no ir hacia adelante. En todo caso, si el placer y gozo están en el retrovisor, entonces que se cumpla con ideales de los Francia, López, Ayala, Franco y otros.

Los 36 años de sociedad abierta son un buen tiempo para empezar a impulsar agendas calendarizadas. El futuro no compete en exclusividad al partido en el gobierno (sea del color que sea), es también tarea de toda la oposición. No es responsabilidad que cae únicamente en el sector público, es un deber, guste o no, igualmente del sector privado.

Es más, un compromiso doble tienen los que se acostumbraron a dar cátedra de vida. Uno desde los púlpitos con homilías y oraciones, y el otro desde la prensa con editoriales y portadas. La coherencia es crucial entre el dicho y el hecho. Es que suena mal insistir en el qué hacer e ignorar el cómo y, principalmente, eludir adrede el “yo” o “nosotros” sumamos el sacrificio en el hacer.

La era de la comunicación invita a acudir al diálogo. En tanto, la tecnología desafía el pensamiento. Se requieren liderazgos que administren intereses sectoriales y encaminen iniciativas con objetivos claros. Es de sabios renovar la agenda o ceder espacios si en décadas no se instaló un determinado discurso, ya sea por lo vacío del contenido o por poca confianza en la vocería.

Posiblemente, los medios tóxicos seguirán fomentando la polarización apuntando al desencanto y así —pescando en río revuelto— pretenderán mantener y sumar lo suyo. Aun así, igual, hay que invitarlos, insistir con ellos, tratar que recapaciten y se involucren. Al menos debe hacerse el esfuerzo, hasta donde se pueda.

La voluntad nacional (pública y privada, incluye a grupos religiosos y medios de prensa) consiste en fomentar gestiones en pro de la sostenibilidad económica y social. La meta es la inclusión y un aliado actual está en el valor trascendente de la tecnología. Lo cierto es que es obligatorio un mejor contrato social.

Es hora de transformar la legitimidad de las elecciones en una gestión pública que, con visión a mediano y largo plazo, logre el desarrollo. La prosperidad no es obra de magia: se inicia respondiendo a las necesidades presentes, ajustándolas al futuro que se presenta, superexigente y muy alentador.

Esta democracia, con 36 años (nació en 1989), exige más República. Eso conlleva tolerancia y significa más comprensión. La libertad exitosa es el justo equilibrio entre derechos y obligaciones. La madurez social es proyectar el avance entendiendo hacia dónde se dirige la globalidad.

La Tribuna trabaja, paciente y sin apuro, mirando el devenir. Para eso hemos retornado al impreso. Asumimos que construir el futuro se inicia hoy. Sabemos de nuestra carga de mandato de forma a traducir demandas en realidades que hagan factible el bien común. Comprendemos que no es de corto tiempo, pero sí de mediano y, sobre todo, de largo plazo. ¡Nosotros haremos nuestra parte!

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