Editorial

Reunión entre ministros de la CSJ y el presidente Peña

Unos vieron quiebre de Estado de derecho y dictadura (1), otros hablaron de negociados entre los participantes (2) y hubo quienes confirmaron la sumi…

| Por La Tribuna-

Unos vieron quiebre de Estado de derecho y dictadura (1), otros hablaron de negociados entre los participantes (2) y hubo quienes confirmaron la sumisión de un poder a otro (3). Veamos los tres puntos más leídos en la prensa sobre la reunión de seis ministros de la Corte Suprema de Justicia con el presidente Peña.

La  Constitución fomenta la relación entre poderes. Es básica para que funcione el Estado. La Corte con su Superintendencia tiene el rol administrativo. Se conoce que ningún presupuesto aprobado asegura tres cuartas partes del desembolso.

*Pasadas semanas del encuentro, todas las instituciones están funcionando, incluyendo la libertad de prensa. Ergo, no hay ruptura del Estado de derecho ni dictadura (1).

Aquel ministro que busca sacar ventajas con el Ejecutivo (ni este hará su pedido en grupo) no irá en media docena, casi en patota. Si entre dos habrá de costar mantener un secreto, seis representa multitud donde el silencio es imposible. Entre gentío de posibles cómplices debe ser complicado el escamoteo, sea lo que fuere.

*Ergo, no parece sólida la presunción de reparto de negociados o el tipo de negociaciones indebidas entre una caterva de presentes (2).

Si el Poder Ejecutivo quiere amedrentar a operadores judiciales, usará la mayoría que tiene el oficialismo en el Congreso. Lo puede hacer de mil formas. Incluso puede sumar votos para el juicio político. La Corte, en tanto, no está en carrera electoral para ocupar el lugar partidario del Gobierno central.

*Ergo, no existe la sumisión o eso que un poder somete a otro, y viceversa (3).

El sucedido sí revela la poca atención que las instituciones públicas prestan a la comunicación. Si una de las partes informaba al público del encuentro o ambos por su lado, no habría ese grito de quiebre de Estado de derecho (dictadura) ni dimes de negociados ni especulación sobre sumisión de un poder a otro.

*Subestimaron la comunicación en un país donde se sabe de los ánimos en algunos de crear alarmas y, si hay condiciones, llamar al caos.

El mal cálculo hizo que dejaran espacios para que cada quien haga el dibujo a su conveniencia. Eso debe cuidarse, no por los protagonistas, sino por la salud de la República. Acá cabe la frase “la mujer del César no solo tiene que ser honesta, sino parecerlo”. Es que la posible integridad y honestidad no bastan: es crucial que las figuras públicas den un rostro confiable, estén libres de sospecha.

*Moraleja: tanto el presidente de la República como los ministros de la Corte Suprema de Justicia deben entender, comprender, aceptar y asumir que son hoy poderes del Estado, y que la percepción pública es tan importante como la propia realidad.

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