Editorial

El 8 de diciembre, tradición y devoción bien paraguaya

La festividad de la Virgen de Caacupé es una de las celebraciones religiosas más significativas del país. Eso lo reconocen fieles de otras creencias,…

| Por La Tribuna

La festividad de la Virgen de Caacupé es una de las celebraciones religiosas más significativas del país. Eso lo reconocen fieles de otras creencias, hasta los ateos. Este 8 de diciembre la Villa Serrana de nuevo concentrará millones de ciudadanos provenientes de todos los rincones de Paraguay, incluso del extranjero.

Los devotos ya en toda la semana rindieron homenaje a la patrona y protectora de los católicos paraguayos, conocida por su conexión espiritual con el pueblo. La peregrinación es parte de la cultura nacional y las homilías en el novenario son espacios en el que el celebrante de la ceremonia va posicionando la visión de los miembros de la Conferencia Episcopal Paraguaya sobre la realidad del país.

Esa dualidad entre lo espiritual y lo terrenal es, posiblemente, una de las razones que produce la compleja interacción entre factores religiosos, sociales y existenciales. Para muchos feligreses eso es así porque la misma existencia está imbuida en la capacidad de abordar temas que tocan la ansiedad humana.

Las fiestas marianas de Caacupé en el último mes de cada año son un fenómeno social que ofrece imágenes en las que existe una sinergia entre el poder público y la sociedad privada. Tiene una trascendencia que impone la socialización sin distinción de ideologías políticas, clase social y nacionalidades.

Hay personas que llegan caminando hasta el santuario desde distintos puntos del país. Cada quien con sus respectivas narrativas personales o familiares sobre alguna promesa a cumplir por el milagro que recibió.

En medio de una cosmovisión especial, como es natural en el ser humano, cada quien en su interior utiliza el momento, igualmente, para intentar responder los desafíos de la vida y sobre lo inevitable ante la muerte de tener como consuelo la unión con lo divino.

Caacupé está incrustado en la esencia del ser católico. Pese a lo anárquico que pueda darse en los alrededores de la basílica por la multitud presente, hay rituales que conceden la sensación de cercanía con la madre de Dios. Es algo personal, donde la libertad de cada persona mide y decide la magnitud de su fe.

El 88 por ciento de la población nacional es católica, una religión que posiciona la misma creencia en una fuente de resiliencia y esperanza. Lo cierto es que en el desarrollo del novenario, el día 8 que será mañana y la octava posterior se produce un combo de sentido de pertenencia.

No es solo algo popular, es un tiempo que coloca la cohesión social básica y pone en relieve cuestiones existenciales, tomando así, a grandes rasgos, la variedad de motivaciones que tienen que ver con la vida misma de cada creyente.

Caacupé es parte de la esencia del pueblo y, en Paraguay, es la antesala que prepara y encamina el espíritu hacia las fiestas de fin de año en que los cristianos celebran el nacimiento de Jesús de Nazaret.

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