Editorial

En Caacupé, el cardenal marcó el justo equilibrio social que debe darse en Paraguay

Mucha sabiduría institucional sobre la República tuvo el cardenal Adalberto Martínez cuando con entendimiento, casi como expresión de preocupación, h…

| Por La Tribuna
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Mucha sabiduría institucional sobre la República tuvo el cardenal Adalberto Martínez cuando con entendimiento, casi como expresión de preocupación, habló de la corrupción. Ella siempre ocupó la agenda de la Iglesia, pero esta vez —con sutil claridad— se dejó el profundo mensaje que una de sus causas es igualmente esa impunidad que pretende el manejo al antojo de la Justicia.

El buen juicio y la ética del cardenal están reflejadas en la manera elegante en que hizo pedagogía social. Indicó la estabilidad, justa y precisa, que debe haber entre el deber y el derecho que corresponde a quienes ejecutan acusaciones fiscales y condenas judiciales. Fue en la homilía de Caacupé y en presencia del presidente Santiago Peña.

Hacemos foco en su sabiduría institucional por la forma simple en que reveló el error que cometen ricos y poderosos en perjudicar al país, que se expresan en despropósitos que terminan beneficiando a la corrupción e imponiendo y oxigenando a la tan dañina impunidad. Para el perjudicial efecto hasta recurren al apriete, que se da tam­bién por la vía mediática a través de los medios de prensa.

Con sus dichos, la alta autoridad religiosa mostró su pleno conocimiento de la realidad nacional y la experiencia para sostenerlo con una elegante lucidez, que el buen entendedor sabe comprender. Cada persona o grupo empresarial, obviamente, asumirá por su razonamiento aceptando una verdad que duele, pero que por eso no deja de ser veraz.

Las palabras del representante del Papa tienen más valor porque lo apuntó estando el propio jefe de Estado, Santiago Peña. Claro, el respeto al marco institucional no reside en una sola persona. Involucra a la sociedad civil, los servidores públicos y los líderes que dicen operar por el bien común, donde están —por ende— hasta directores de medios de prensa.

Destacamos las expresiones del cardenal Martínez en esta semana de la Virgen de Caacupé, porque la sabiduría es necesaria en mayor porcentaje en la nación guaraní. No bastan los conocimientos profesionales, técnicos y habilidades en tal o cual rubro, pues todo el quehacer nacional requiere el comportamiento público-privado en la recíproca medición que debe darse entre el deber y el derecho.

Por eso, al hacer el diagnóstico país se enfocó en la corrupción, pero —como nunca antes— hizo hincapié igualmente en la impunidad que la sostiene y la potencia, y que se generan por los obstáculos que tienen agentes del Ministerio Público y jueces del Poder Judicial a la hora de cumplir con libertad sus funciones. El buen observador sabe que es así.

Fue exigente con los fiscales y jueces para combatir la corrupción, pero también advirtió que no deben ser sometidos a las presiones, al saberse que históricamente convivieron con los aprietos mediáticos.

Como una muestra de respaldo al marco institucional de la República, felicitó a los fiscales y magistrados honestos, que afirmó son mayoría.

La Tribuna, hoy refrescando editoriales de sus inicios hace 100 años, admite que el tiempo actual exige, más que nunca, tener en cuenta el juicio y la ética que plantea el cardenal Martínez. Valoramos su visión imparcial, su compasión por los pobres (los más perjudicados por la corrupción e impunidad) y su benevolencia con todos los paraguayos, sin discriminación ni privilegios algunos.

Ojalá que esa orientación de pretender maximizar el bienestar de toda la sociedad, y no solo de unos pocos que encima se acostumbraron a someter a la Justicia, sea la visión en el devenir de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP). Creemos que la reserva moral de la Nación está en el camino que empezó a marcar el cardenal Martínez. ¡Así sea!

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