La Conmebol debe gozar doble el éxito logrado con la final de la Sudamericana. Eso es así por el ambiente ácido que quiso instalar un conocido holding. Aunque ese nervioso ataque (antes, en la fecha y el día después) fue -por esquirlas esparcidas- también contra el Paraguay, cuya gente trabajadora se beneficiaba con los más de 30 mil extranjeros que llegaban a dejar su dinero.
Debe decirse que esos titulares amargos, con el triste rostro de impotencia, pueden tomarse como que tuvieron intenciones de dañar la imagen país en su capacidad organizativa de encuentros de envergadura. Esas portadas, con algo de equilibrio, podía esperar los 300 y tantos días que sobraban después del Día D para irritarse contra su objeto elegido. Conste que ya era repetido el contenido: venía con olor a refrito desde tiempo atrás.
Lo cierto es que no tuvieron ningún impacto esos conocidos resquemores. El marketing que quedó patentado es que Asunción, nuevamente, fue sede segura y epicentro consolidado del continente con la final de la Copa Conmebol Sudamericana 2025. Argentinos y brasileños sintieron en la piel que trascendió lo deportivo con otros eventos paralelos de gran magnitud.
El Fan Fest, instalado en la Costanera, marcó el ambiente de la previa con un flujo de familias, hinchas y curiosos que dieron color a la ciudad. Durante dos jornadas se ofreció música, gastronomía y espacios interactivos. La magia de la paraguayidad fue fuerte, y en lo económico se dinamizó la actividad comercial, y en la venta ganaron hasta chiperos y lomiteros.
Ya en el Defensores del Chaco, antes del juego se elevó el tono festivo con la presencia de artistas internacionales y locales. El show de medio tiempo reforzó la apuesta por integrar distintos paisanos por medio de la música, la cultura y el deporte. Fue un espectáculo con la marca Made in Paraguay.
Pese a la hostilidad que quiso instalar ese determinado holding, el glamour se vivió sin incidentes en un marco de convivencia ejemplar entre las hinchadas. Imagínense la portada y el editorial si ocurría alguna desgracia. Hubiera sido la justificación para que la tapa salga en negro y con la línea de opinión con los peores adjetivos contra la Confederación Sudamérica de Fútbol. Gracias a Dios, ¡no pasó nada!
A 48 horas de distancia del partido entre Lanús y Mineiro, es justa la felicitación a todos los paraguayos de bien: fue otra experiencia que traspasó fronteras y que ratificó a Asunción como sede de referencia en la región. El logro debe valorarse en su dimensión al combinar la demostración de fortaleza, resiliencia y perseverancia frente a los obstáculos que se quiso colocar casi con malicia.
El resultado positivo merece magnificarse por las trabas que se forzó poner y que fueron superadas porque el pueblo no es tonto. La ciudadanía diferencia cuando una competencia deportiva, cultural y social se quiere teñir para confundir en el intento de salvar alguna acción judicial que pueda poner entre rejas a algún cercano de la misma prensa.
En fin, dejamos de lado a los agoreros y que se empiece este lunes laboral con el orgullo de saber que el Paraguay está probado en su fortaleza, y que no hay frustración que pueda opacar su perseverancia. El exitoso final de la Copa Conmebol Sudamérica fue otra muestra de carácter de la nación guaraní, que nunca será vencida por vacíos gritos de guerra mediáticos, venga del lugar que venga.


