Editorial

Los pros y contras de un país con un futuro prometedor 

Dos hechos a considerar en el devenir: uno es la evaluación sobre uno mismo y el otro es el desafío de hacerlo como sociedad. El primero es la reflex…

| Por La Tribuna

Dos hechos a considerar en el devenir: uno es la evaluación sobre uno mismo y el otro es el desafío de hacerlo como sociedad. El primero es la reflexión individual por el fin del 2025. El segundo tiene relación con los comicios municipales del 2026. Así, partiendo de lo particular al colectivo, será saludable tener como prioridad al Paraguay, que -con sus pros y contras- definitivamente es un país de futuro prometedor.

Vivimos en sociedad y como tal el análisis personal sobre el 2025 debe tener una mirada extensiva e incluyente de cara al tiempo que se viene. Entonces, se coloca el compromiso del yo, como corresponde, en la existencia dentro de la comunidad. Un buen objetivo en ese aspecto, y por ser el hecho político más importante del próximo período, constituyen las tan promocionadas elecciones comunales (2026).

Intentar únicamente la reflexión como sujeto por el final de año y excluir de manera integral el involucramiento en la proyección del próximo año será incompleta. Igualmente será insuficiente si se toman los sufragios distritales como la simple rutina de “votar nomás” ante cada convocatoria electoral.

Tanto en esa mirada sobre lo que deja el 2025 y lo que se viene con el 2026, exigen el aporte personal de manera mesurada en beneficio del país y hacer la carga compartida de responsabilidad en las nuevas autoridades comunales que se tendrán, donde los electos deben cumplir con los electores.

Es que la suerte de la República es un deber entre gobernantes y gobernados. Es la forma de construir y conseguir mejoría. Nadie es tan pequeño para no poner su cuota de aporte, ni nadie es demasiado grande para hacer todo solo. Además de los derechos, es crucial el estricto y cabal cumplimiento de las obligaciones.

Paraguay, ciertamente, dentro de una mirada centrada ofrece ventajas: buen clima, tierra fértil, aún con bajo costo, impuestos favorables y una cultura todavía solidaria. Sin embargo, presenta desventajas que no pueden taparse, como son la infraestructura deficiente (alcantarillado, calles), educación por mejorar y problemas de corrupción pública y privada.

Así como hay respeto a la libertad y un crecimiento macroeconómico, también existen desafíos en el sistema de salud, seguridad, transporte público, mala atención del servidor estatal, etcétera.

En medio de ese panorama, hay que decirlo, será complicado hallar soluciones viendo solo los nubarrones y anunciando tormentas. Ni la propia vida personal se resuelve martillando negativamente sobre uno mismo. Eso es tóxico y una señal de baja autoestima. Algo similar sucede con el país si montamos sobre la República casi de forma monopólica lo deficiente y negamos en aceptar lo bueno.

Paraguay es un país de oportunidades, especialmente por su sólido crecimiento proyectado y estabilidad macroeconómica. Sin embargo, para alcanzar su mayor potencial debe abordar desafíos que competen a todos, y en que el hacer es de todos, cada quien debe hacer su parte dentro de lo que toca a uno como sociedad y autoridad.

En el plano personal, corresponde a cada quien el equilibrio, y en el ámbito colectivo, los nuevos intendentes y concejales deben hacer su tarea para elevar el nivel de vida.

La Tribuna también hará su evaluación en el rol social que le compete. Dentro de la claridad fijada, la apreciación será sobre fortalezas y deficiencias, para luego planificar el 2026. Seremos rigurosos con nuestra línea editorial e informativa, y en lo que compete con Paraguay no caeremos en el error -en que a veces cae la prensa- de apuntar solo lo agrio y negar los puntos favorables.

Siempre es sano ser prudente con uno mismo, sin caer en los extremos, y ser objetivo con el país. Ser muy severo con uno, sin valorar lo positivo que se tiene, más bien ya revela un estado de frustración que nubla la razón. Eso no es lo nuestro con nosotros mismos, y mucho menos seremos con la nación guaraní, que tiene -realmente- un futuro prometedor.

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