Editorial

Los obispos paraguayos son parte de la sociedad

Se escuchan posiciones encontradas sobre la tarea pastoral de la Iglesia católica. Unos creen que su rol es ser exclusivamente espiritual. Otros cons…

| Por La Tribuna-
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Se escuchan posiciones encontradas sobre la tarea pastoral de la Iglesia católica. Unos creen que su rol es ser exclusivamente espiritual. Otros consideran que debe tener injerencia en la vida política. Lo cierto es que, por su influencia, los obispos actuales deben comprender que es mayor el aporte que pueden dar al Paraguay.

La 246 Asamblea General Ordinaria que inició ayer la Conferencia Episcopal Paraguay (CEP), según se anuncia, se concentrará en dos puntos: el futuro de la iglesia paraguaya y la realidad social y económica nacional. Son tópicos casi naturales que analizan cada año por días corridos.

Lo ideal será que la Iglesia católica se sienta observada, en ambos aspectos, como parte activa del quehacer nacional. Es decir, no quedarse con el análisis nomás, como algún columnista de prensa, opinando desde la gradería, sino que se vea dentro del corazón de la sociedad, de manera integral e institucional.

Puede sonar dura nuestra pretensión, pero dejamos en claro que es sincera. Es, como podrá percibirse, incluyente. Además, difícilmente se lograrán avances en positivo, tanto en el campo Pastoral como en la realidad país, si en ellas los obispos, en el primero, se autoexcluyen o —en el segundo— no se sientan dentro de la ciudadanía, con sus fortalezas, flaquezas, virtudes y defectos.

El compromiso de la CEP es superior que la simple observación anual. Es un deber, cuyo sustento y justificación está en su arraigo histórico y cultural en la nación. Ojo que no estamos haciendo una apología al ateísmo, sino que anhelamos que los religiosos puedan sentirse, con hechos protagónicos no solo como comentaristas, parte de lo que es la República.

La Iglesia católica debe reconocerse, tiene voz constante en debates sobre políticas públicas, cuestiones sociales y la institucionalidad democrática. Sus principales líderes, cada quien por su lado, suelen referirse en sus homilías y para los medios de comunicación, mayormente, sobre el proceso democrático, la corrupción y la impunidad.

Representa a casi el 80 % de la población. Tiene un estatus especial y ciertas franquicias o beneficios, como exenciones impositivas y convenios sobre asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Por ende, tiene su porcentaje de obligación en lo que pasa y en lo que deja de pasar.

Por su legitimidad religiosa y por todo lo que conlleva su estructura, esperamos que la Asamblea de la CEP concluya conjugando en plural: cómo haremos entre todos como país (que la involucra), y no solo haga el reparto de culpas para terminar marcando una hoja de futuro en la que no figura su parcela de responsabilidad y de tareas específicas.

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