El periodismo y el activismo de derechos humanos son casi similares, pero tienen funciones diferentes. Por eso, no parece ideal que puedan estar en un mismo nivel dentro del proyecto de ley “De protección a periodistas y personas defensoras de derechos humanos” que analiza la Cámara de Senadores.
Aunque pueda caer bien a cierta prensa y a algunas organizaciones civiles, que estén ambos blindados en una misma norma jurídica, sus misiones - definitivamente- no son iguales.
La esencia del periodista es la objetividad y la información verificada para todo público, mientras que el activismo busca promover una causa o proteger derechos específicos que pueda implicar, en cierta coyuntura, tomar una postura directa.
El periodismo tiene como meta recoger, verificar y dar informes, en puridad, de manera neutral, sin ninguna discriminación. Eso, obviamente, conlleva riesgos que obligan a una protección acorde al trabajo diferenciado.
El activismo, a menudo, busca un protagonismo que en algunos momentos puede no ir tan acorde al rol del periodista. Uno puede buscar más visibilidad, el otro no requiere tanto de eso.
Por más cercanía que puedan parecer tener, no son gemelos. Ciertamente, pueden complementarse, pero con misiones que van por trayectos en paralelo.
Lo conveniente es que la protección al periodista y la actividad en pro de los derechos humanos sean analizadas por separado, cada sector por su lado. Lo recomendable es respetar la esencia de cada uno.
El Congreso, como cuerpo legislativo, tiene tiempo para hacer correcciones al proyecto de ley “De protección a periodistas y personas defensoras de derechos humanos” presentado por los senadores José Ledesma, Esperanza Martínez, Rafael Filizzola y los entonces senadores Blas Lanzoni y Gilberto Apuril.
En hora buena que pueda darse el respetuoso debate al respecto. Por nuestro lado, creemos que no es prudente mezclar la investigación, la contrastación de fuentes y la redacción de noticias, reportajes y textos con otros fines que no sea la tarea periodística.
El periodismo tiene la noble misión de buscar y exponer la verdad a través de hechos. Su esencia es hacerlo sin mucha pompa, ni discursos ni propaganda.
Ciertamente, el periodismo y los derechos humanos están intrínsecamente conectados, pero no están fusionados. Por más esfuerzo que se haga en que así sea, van por caminos divergentes.
El trabajo de la prensa es así también una base importante de la democracia. Promueve, sí, los derechos humanos, pero es especial porque lleva en su ADN operar con la libertad de expresión y el acceso a la información.
Los derechos humanos igualmente son trascendentes. Son los principios universales que los periodistas siempre defienden e investigan, y visibilizan violaciones y abusos, pero desde su rol específico.
Las estadísticas que maneja la Mesa para la Seguridad de Periodistas del Paraguay son preocupantes. Los datos de periodistas asesinados y los ataques a la prensa muestran una realidad que amerita un trato legal especial.
Estamos hablando de una profesión que significa hacer efectiva la libre expresión, la libertad de prensa y el acceso a la información. Son demasiados derechos que ameritan, en su protección, no mezclar con otros derechos humanos.


