Hay un clima de sosiego en la humanidad desde el primer minuto en que Hamás entrega a los rehenes e Israel empieza a liberar a los prisioneros palestinos. Ese ambiente de tranquilidad global debe avanzar también hacia esa guerra entre Rusia y Ucrania. Este mundo del siglo XXI necesita respirar un aire de paz.
Aún es prematuro asegurar cómo irá desarrollándose el acuerdo del “plan de paz” comandado por el presidente norteamericano, Donald Trump. Sin embargo, la agenda respectiva se convirtió en una obligación para que los líderes mundiales pongan la mejor energía y que el alto el fuego sea respetado, íntegramente.
Escuchando a los principales gobiernos de los distintos continentes, la mediación que pone freno a los crímenes fue calificada como un logro diplomático. La diplomacia debe volver, realmente, a tomar fuerza, más todavía cuando su motivo de existencia es la búsqueda constante, incesante, de la convivencia pacífica.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), en tal aspecto, debe recuperar su rol. La esencia de ella está —precisamente — en mantener y operar por la paz y la seguridad internacional. Tiene que asumir, con énfasis, su deber de protección de los derechos humanos y prestar la ayuda humanitaria en todas las naciones por igual.
Hacemos foco en las funciones de la ONU, que como órgano representativo tiene mucho que gestionar hasta para prevenir y eliminar amenazas a la paz y resolver las disputas internacionales de manera pacífica. Como todo foro de cooperación, debe armonizar los esfuerzos de los países por alcanzar propósitos comunes y abordar problemas globales en un espacio justo y equitativo.
Por de pronto, el acuerdo entre Israel, Hamás y Palestina tiene un paso crucial, que es el intercambio de prisioneros. Es una primera fase que deja para otra etapa los problemas de fondo y que presenta varias incertidumbres, y en las que la Organización de las Naciones Unidas debe tener real protagonismo.
Ya es un éxito un cese de hostilidades y el inicio de una retirada parcial de las tropas israelíes en Gaza. Como igualmente lo es la liberación de los rehenes israelíes retenidos por Hamás y otros grupos palestinos, a cambio de la puesta en libertad de prisioneros y detenidos palestinos en cárceles israelíes.
Así como afirmó el presidente Santiago Peña, el acuerdo marca "... un día histórico para la paz no solo en Medio Oriente, sino en el mundo entero". El gobernante paraguayo participó de la Cumbre por la Paz en Medio Oriente, convocada por el Gobierno de los Estados Unidos y celebrada en la ciudad egipcia de Sharm el Sheikh.
Coincidiendo con su palabra, creemos que el acuerdo de paz para Gaza y toda la región es un paso trascendental hacia la estabilidad global. Esto debe extenderse para poner un final a la guerra entre rusos y ucranianos, y que, en devenir, las Naciones Unidas asuma plenamente su razón de ser. El mundo precisa mantener y gozar del aire de paz.


