No es solo fútbol. Tampoco es, como sostienen algunos críticos tóxicos, el opio del pueblo. Ni es pan y circo, como repiten ciertos dogmáticos. Es, en realidad, una oportunidad para miles de jóvenes de construir una carrera digna que abre futuro y aleja de la pobreza. En el caso de la Selección, es el deporte que une a todo un país bajo la bandera roja, blanca y azul.
Somos un medio de comunicación que, por su línea periodística, brinda especial atención al deporte. A pocas horas de un juego que puede permitir a la querida Albirroja volver a un Mundial, enviamos buena energía a todo el plantel nacional. Al mismo tiempo, reivindicamos al fútbol como una de las profesiones que más transformó la vida económica de innumerables familias humildes. Esto no es poca cosa.
A veces no ubicamos la mirada en su exacto eje. Una observación más aguda del plantel de la actual Selección paraguaya ilustra el valor social que tiene el fútbol. Si vemos de dónde surgieron Enciso, Almirón o los Gómez, por citar solo a los más emblemáticos, podremos dimensionar mejor el presente ventajoso que disfrutan, comparado con la precariedad de sus inicios.
Permítasenos este ejemplo para mostrar que detrás del fútbol hay esfuerzo, sacrificio y renunciamiento. El éxito de los atletas —como el de todos quienes triunfaron en el fútbol— se sostiene en el mérito personal y el acompañamiento de seres queridos. Es decir, se trata de un ejercicio que nada tiene que ver con la liviandad ni con la holgazanería.
El fútbol también beneficia al Estado. Como toda práctica deportiva, promueve la salud física y mental, fomenta inclusión social, reduce riesgos de enfermedades y desarrolla habilidades colectivas. En la mayoría de las naciones, además, genera millones de dólares anuales al fisco mediante el traspaso de jugadores. Este es un aspecto que aún merece mayor atención.
No es, como alegan los pesimistas, “el opio del pueblo”, queriendo insinuar que solo sirve para distraer de la realidad. Tampoco cabe la etiqueta de “pan y circo”, como si el fútbol fuera un recurso de los gobernantes para desviar reclamos legítimos.
En La Tribuna tenemos claridad para entender los momentos. Estamos a horas de volver a un acontecimiento global, el Mundial de Fútbol, y eso amerita comprender que cada cosa tiene su tiempo. Nuestro espíritu hoy es de respaldo a la dirigencia, al cuerpo técnico, a los atletas y de estímulo a la afición deportiva.
Como un hincha más, estamos con la Selección Nacional y aguardamos con optimismo un resultado favorable. Incluso respetamos la amargura de quienes, por prejuicio o resentimiento, no comparten esta alegría. Pero desde nuestra libertad recurrimos a este Editorial para expresar, como un paraguayo más: “Vamos Albirroja, falta poco, y se puede”.


