Un patrimonio invaluable que tiene Paraguay y que debe servir para elevar la autoestima nacional es la riqueza humana de su gente. Los extranjeros que asistieron al rally mundial lo reconocieron y, en un alto porcentaje, destacaron la amabilidad y la actitud solidaria de los paraguayos.
La ciudadanía itapuense se caracteriza por cualidades especiales. No es mera casualidad que sea una zona de alto progreso. Allí poco o nada pesan los ruidos políticos, ni se dejan influir en demasía por la ineficiencia pública. Aunque también nos duela como medio periodístico, parece que tampoco se guían por esa repetida letanía pesimista, relatada desde ciertos sectores de la prensa.
Esa población heterogénea merece un justo reconocimiento en su valor como ciudadanía. No pierde mucho tiempo en la queja permanente; más bien se esfuerza en aportar lo suyo para que la comunidad salga adelante. El trabajo, la disciplina, la limpieza urbana y el orden son valores que se desarrollan de manera colectiva.
Encarnación, como capital, es un polo de altísimo crecimiento urbanístico. En tanto, Itapúa es el tercer departamento más importante, luego de Central y Alto Paraná. Se le conoce como el granero de Paraguay. Al recorrer Bella Vista, Hohenau, Obligado, Fram, Pirapó, María Auxiliadora, Trinidad o Cambyretá, por citar algunos de sus distritos, se percibe prosperidad y cultura, con un nivel envidiable.
Los ciudadanos de Encarnación, en particular, e Itapúa, en general, comparten el mismo sol y la misma tierra guaraní, pero de manera genuina mantienen un amor propio por hacer bien las cosas. Esa realidad se traduce en colaboración y proyecta un impacto positivo en las relaciones personales, algo que no pasó desapercibido para los miles de visitantes.
La amabilidad es un verdadero ADN de la paraguayidad. Eso debe decirse con claridad. El “buen día”, el “mba’eichapa”, el “Dios se lo pague” son expresiones que generan cercanía y están arraigadas en el ser guaraní.
Son modos de agradecer la vida que construyen entornos agradables, sanos y colaborativos. Con gente así, naturalmente se fortalece el vínculo con los demás y se marca una imagen de unidad país.
El trato más humano induce a las personas a sentirse a gusto. Eso es virtuoso y fue valorado por los turistas. Además, transmite seguridad y confianza. Prestar atención al otro lo hace sentirse importante, más aún al visitante extranjero. En resumen, la amabilidad y la actitud positiva fueron claves y poderosas para ganarse la ponderación de los pilotos de talla mundial que participaron en el Rally del Paraguay.
Desde Takamoto Katsuta hasta el ganador, Sébastien Ogier, todos se llevaron sensaciones positivas de la gente. Más allá de los organizadores, patrocinadores y del esfuerzo público-privado, este editorial subraya que otro factor crucial para el brillo del WRC ueno Rally del Paraguay 2025 fue la gente. Merece felicitación la ciudadanía sana que sostiene la República, aún en medio de una galopante globalización que atropella con vicios, decadencia e inconductas.


