Editorial

Seguridad alimentaria: compromiso de todos

Los indicadores sociales no son solo cifras publicadas una vez al año o por temporadas. Son un espejo que refleja nuestras fortalezas y carencias com…

| Por La Tribuna-

Los indicadores sociales no son solo cifras publicadas una vez al año o por temporadas. Son un espejo que refleja nuestras fortalezas y carencias como país. Entre sus dimensiones, la seguridad alimentaria se entrelaza con la salud, la educación y la calidad de vida. No se puede aspirar a un desarrollo humano elevado si la mesa de miles de familias sigue vacía.

Garantizar que cada paraguayo y paraguaya tenga acceso a alimentos nutritivos no es solo un acto de justicia social: es una inversión en el capital humano que sostendrá el futuro del país. Aquí, la responsabilidad del Gobierno es ineludible.

Programas como Hambre Cero, que busca asegurar la alimentación escolar y reforzar las redes de protección, y Tekoporã, que entrega transferencias condicionadas para romper el ciclo de pobreza, son pasos concretos hacia este objetivo. Pero su alcance, eficacia y continuidad dependen de una gestión seria, transparente y libre de clientelismo, por lo que resulta crucial la participación de instituciones como la Contraloría.

La seguridad alimentaria también necesita del sector privado. Desde el campo hasta la industria, pasando por la distribución y la innovación tecnológica, las empresas pueden aportar soluciones sostenibles: fortalecer cadenas de valor locales, impulsar huertas comunitarias, generar alianzas para el abastecimiento escolar y desarrollar proyectos de capacitación que mejoren los ingresos de las familias.

El desafío es claro: el Estado debe garantizar el marco, la inversión y la ejecución, mientras el sector privado puede escalar el impacto con innovación, recursos y redes. La sociedad civil, con su voz y vigilancia, debe asegurar que este compromiso no se diluya.

En un país con el potencial productivo de Paraguay, el hambre no puede ser una estadística aceptada. Que Hambre Cero y Tekoporã no sean solo programas, sino símbolos de una alianza nacional donde el derecho a la alimentación deje de ser un ideal y se convierta en un hecho para todos. Estamos en camino, y eso genera esperanzas.

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