Los Juegos Panamericanos Junior ASU 2025, además de su relevancia deportiva, poseen un valor agregado en lo económico, social y cultural. Los más de 4.000 atletas de 41 países participantes generarán un movimiento transversal en varias áreas de la realidad nacional.
Un primer eje primordial es que la marca paraguaya, además de ser apreciada en su propia tierra con la llegada de turistas, tendrá una proyección internacional gracias a la transmisión televisiva, que alcanzará los rincones más distantes del mundo.
Otro detalle relevante es que los organizadores de la competencia sumaron, de antemano, cientos de puestos de trabajo en sectores como la construcción, ampliando y mejorando diversas pistas deportivas. Ese flujo inicial de inversión será muchísimo mayor en los días venideros.
Ni hablar del impacto positivo que genera la inspiración de los atletas en la difusión de la práctica deportiva. En una aldea global agobiada por la droga y el alcohol, de la que Paraguay no escapa, resulta invaluable el mensaje que afirma la premisa de cuerpo sano, mente sana.
Ser anfitrión de una gesta de tal magnitud despierta un sentimiento de unidad nacional. Los contenidos tóxicos y las campañas agoreras no podrán, nunca jamás, poner en tela de juicio la admirada hospitalidad paraguaya.
Otro aspecto favorable será la proyección turística a mediano y largo plazo. Esta tierra guaraní posee un encanto peculiar: su exquisita gastronomía, la Guarania y la Polca —únicas en el mundo—, y sus espacios verdes en medio del creciente desarrollo urbano.
Junto con los resultados deportivos, es razonable pronosticar que los Juegos Panamericanos Junior dejarán un superávit de ingresos en moneda extranjera, un impulso al turismo y una mayor cohesión social.
Un apartado especial merece la bandera tricolor, que ya flamea ante las miradas internacionales, tocando el alma, erizando la piel y haciendo latir el corazón de quienes sienten el orgullo de ser paraguayos.


