En Paraguay, el Certificado de Depósito de Ahorro (CDA) es un instrumento de inversión a plazo fijo ofrecido por varios bancos y financieras. Está respaldado por el Fondo de Garantía de Depósitos del Banco Central del Paraguay (BCP). El movimiento del dinero público, como en el caso del Instituto de Previsión Social (IPS), está controlado y, por transparencia, abierto a la publicación en la prensa.
Valga el encabezado para que la opinión pública, en uso de su discernimiento, ubique las posibles razones de por qué algún conglomerado mediático intenta satanizar un instrumento financiero moderno, vigente en todas las sociedades libres. La deliberada campaña —por las motivaciones sectoriales que fueren— ignora que el CDA es sinónimo de libertad de mercado, libre concurrencia y competencia.
Los Certificados de Depósito de Ahorro son emitidos por entidades financieras reguladas, como bancos y financieras, y pueden adquirirse tanto en guaraníes como en dólares. Son una opción conocida y popular en este mundo del siglo XXI, para inversores que buscan una alternativa con rendimientos predecibles a corto o mediano plazo.
En el caso específico de los fondos previsionales, además de las verificaciones naturales y la garantía del BCP, rige actualmente un mecanismo de administración de las inversiones. Así las cosas, cabe presumir que el prejuicio —por ser benevolentes—, o tal vez cierta malicia, al recrear alguna razón oculta, alimente esa guerra mediática diaria contra los CDA. Quizás porque se añora el periodo presidencial anterior, en el que no existía un sistema transparente, sólido y competitivo.
Es probable también que el ambiente tóxico que se pretende instalar sobre el CDA responda a que el gobierno anterior se guiaba por el rumor editorial de esa prensa que se creía superior a los poderes del Estado, logrando que se digitara la concentración de los depósitos en su propia financiera familiar. Ocurre, a veces, que la pérdida de privilegios disipa el equilibrio, nubla la cordura, y por cercanía, lleva a la ira y el encono.
Lo que debe valorarse, por encima de los relatos sofistas de cada día, es que hoy los números son públicos. De hecho, todos los datos están disponibles: se ven sin censura. Sin pretender incentivar una polémica insensata, rescatamos como moraleja que una sociedad abierta reivindica el libre mercado, habilita mecanismos transparentes, permite la competencia y, por ende, conlleva la participación. Así, el que paga mejor accede a los también llamados instrumentos de inversión.


