Editorial

De la celebración a captar más inversores

Paraguay recibió hace un año el título de tierra predecible para la instalación de grandes inversiones. Lo obtuvo gracias a la confianza en su estabi…

| Por La Tribuna
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Paraguay recibió hace un año el título de tierra predecible para la instalación de grandes inversiones. Lo obtuvo gracias a la confianza en su estabilidad macroeconómica y política. Estos dos factores, en resumen, fueron considerados por Moody’s Ratings, calificadora de riesgos, para conceder el Grado de Inversión, una de las calificaciones más altas otorgadas a un país en los últimos diez años.

Desde aquella fecha, 26 de julio de 2024, es deber mantener e intensificar las acciones para atraer más inversiones. Es la manera de hacer honor a tal designación y evitar que, en el futuro, se convierta en una anécdota. El objetivo de Estado debe terminar beneficiando al ciudadano con empleos, y, por ende, con salarios para sostener a la familia. Todo será posible, únicamente, con una mayor creación de industrias, empresas, comercios y fábricas.

Un año es una distancia prudente para empezar a elevar la vara de la exigencia, de modo a sacar el máximo provecho de la posición como destino atractivo para hacer negocios. El Grado de Inversión es el marketing que grita al mundo que Paraguay posee un régimen tributario bajo, buena estabilidad macroeconómica sostenida durante décadas, leyes favorables y un crecimiento lineal del Producto Interno Bruto (PIB).

Así las cosas, este Gobierno no debe detener la intensidad del lobby externo para captar inversiones. Lo está haciendo. Es más: es una de las prioridades del poder que asumirá el liderazgo en 2028. ¡Eso es política de Estado! La secuencia que debe producirse es simple: más capital equivale a dinero y trabajo. Por ende, un ambiente con más oportunidades para elevar las condiciones de vida.

El Grado de Inversión debe ya trascender la celebración y dar el paso efectivo sobre la economía nacional, consolidando lo alcanzado hasta ahora y generando más bienestar para los compatriotas. Toda economía en movimiento tiene como efecto la movilidad social ascendente. Eso alienta el ahorro y el consumo. Tales premisas, es posible, sean ignoradas por el populismo político, la demagogia intelectual y la prensa sectarizada.

Sin embargo, pese a los agoreros, la imagen país ante el capital mundial requiere una determinación constante: desde ahora, y a mediano y largo plazo. No es una cuestión de internas ni de color partidario. Tampoco debe depender de discusiones ideológicas. Sí o sí hay que empezar a conquistar y asegurar la confianza de los inversores; hacerla real con sus capitales inyectados en el pueblo paraguayo.

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