Paraguay va entendiendo que el siglo XXI desafía la inteligencia para encaminar el progreso social. La economía nacional, basada mayormente en la agricultura y la ganadería, tiene que ir sumando una visión estratégica de mayor acción industrial, como política de Estado, acorde a la era del conocimiento.
Observamos atentamente el proyecto de ley que tiene como objetivo diversificar la producción mediante inversiones destinadas a la fabricación de dispositivos digitales y electrodomésticos. Esto conlleva un plan industrial para ensamblar equipos eléctricos, electrónicos, electromecánicos y digitales. Implica captar inversiones para sectores no tradicionales, lo cual fomentará un mayor impacto en la generación de empleos.
El citado plan, bien dirigido, estará en sintonía con este siglo XXI, en el que el conocimiento y la información están llamados a motorizar el desarrollo social, económico y cultural. Las llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) llegaron para quedarse y ya son cruciales para vivir y sobrevivir en un mundo globalizado.
La misma agricultura y ganadería paraguaya se beneficiarán con una inversión sostenida en el conocimiento. La consecuencia será el crecimiento económico y una mejora en el estándar de vida de las personas. Ya no es prudente que el Producto Interno Bruto (PIB) descanse en el latente riesgo de que el frío o la sequía fulminen la producción en el campo, o que una denuncia sobre aftosa ponga en aprietos a la ganadería.
El acompañamiento público-privado al conocimiento transformará incluso las relaciones y el aprendizaje. Nuestra visión positiva, sin embargo, no ignora el cuidado que se debe tener frente a los desafíos que plantea la brecha digital. El nuevo tiempo tiene su fortaleza y éxito en la inclusión y en una educación integral.
Esperamos que el mencionado proyecto de ley reciba un tratamiento ágil. Que se convierta en el auxiliar para atraer a grandes empresas mundiales. Que tenga en cuenta al capital nacional. Y que permita, en igualdad de condiciones, la adecuada participación de proveedores locales, especialmente las Pequeñas y Medianas Industrias (Pymes), en las cadenas de valor.
El tiempo de la sociedad de la información pone a prueba la conducta estratégica de la República. Es un deber nacional —de gobierno y gobernados— cumplir con la tarea. Así lo exige el futuro para una soberanía tecnológica. En La Tribuna estamos seguros de que Paraguay tiene las condiciones y los recursos humanos para producir y desarrollar su propia industria tecnológica.










