La Tribuna sale desde este domingo con un diseño más ágil y actual. El cambio es por imperio de las exigencias modernas. Lo que se mantiene inalterable es el manejo serio de la información por respeto a los lectores. La línea, por tanto, es la misma iniciada en 1925 cuando nacimos como medio de prensa.
En toda empresa periodística, además del formato, el valor está en el contenido. La conducta editorial, en ese aspecto, seguirá alentando el mayor fortalecimiento de las instituciones en pro de una democracia exitosa. Eso conlleva a colaborar para que la libertad política lleve al país hacía una justicia social.
Pese a los tóxicos que solo destacan las baldosas negras, el esfuerzo no se detendrá por mostrar aspectos exitosos que tiene el Paraguay. En ese marco, el énfasis está igualmente en incentivar la mayor presencia del capital extranjero asumiendo que el trabajo y el salario llegan luego de las inversiones que desarrollan.
El periódico regresó en papel conociendo el momento global en que los impresos están desapareciendo. Dicha realidad antes de asustarnos, obliga a generar conciencia, incluso entre los pares, sobre la necesidad del buen uso de la libertad de prensa y la libre expresión.
Sabemos que unos colegas no comparten tal criterio, pues se acostumbraron al vicio de ese modelo de negocio basado en el apriete, el chantaje y la extorsión. Son los que dilapidan el crédito hacia el periodismo y hacen que se pierda la confianza de la gente.
La fiscalización al poder tiene autoridad cuando la prensa aporta información de calidad, que además no exime a los medios someterse a la evaluación externa y la autocrítica interna. En esta era de la tecnología y la comunicación, es un error ese sesgo que distorsiona la información.
Volviendo al rediseño del diario, es otro paso en el proceso de innovación que se impulsa en la meta de elevar la presentación visual de las noticias y ofrecer así una lectura más clara, atractiva, ilustrativa y comprensible para nuestros lectores.
La propuesta incorpora una tipografía acorde con estándares de un periódico profesional, y tiene gráficos que contribuyen a la comprensión de lo publicado. Asumimos que además de esos detalles, la responsabilidad está en seleccionar, jerarquizar e interpretar los hechos que interesan a la ciudadanía.
En la sociedad dominada por la inmediatez de las plataformas digitales y el avance de la inteligencia artificial, el impreso conserva su valor al dejar el permanente registro de los acontecimientos. A diferencia de los digitales, que pueden modificarse o actualizarse, es un documento que permanece y que será de consulta por las futuras generaciones.
Por nuestro lado, entre tanto ruido vacío, polarización, guerra sucia y terrorismo financiero, La Tribuna mantiene su voz equilibrada, reflexiva, pero firme orientada a mover el discernimiento colectivo. Por eso, la visión proactiva, ahora con la nueva imagen de las páginas, continuará a la par de la crítica constructiva.


