La operación mediática en unidad sindical es aquella en que varios medios actúan de manera coordinada. En el caso actual de lo que pasa en Paraguay fue articulada dentro de una competencia desleal. Puede darse, también, para desprestigiar o desestabilizar a un gobierno, una institución o una figura pública o privada.
Está pensada y dirigida como entrevistas, notas y opiniones dentro de las llamadas coberturas periodísticas. Se la denomina igualmente campaña sucia. Obviamente, no es imparcial ni neutral, pues es un esfuerzo diseñado para moldear negativamente la opinión pública.
Los contenidos agremiados vienen en el frasco de la libre expresión con la meta de manipular la agenda pública y manosear la reputación. En el campo financiero, es asumido como el proceder macabro que pretende generar perjuicio al competidor y al sistema bancario.
Son tácticas éticamente cuestionables desde todo punto de vista. Hablando siempre de lo mismo, lo que se está produciendo en el país viene en combo al saberse que se dirige además a deteriorar al ente regulador.
En la escena está el que piensa y planifica “el terrorismo financiero”. El libreto luego se distribuye y ahí aparecen, en cadena, las vocerías, que son, por lo que se siente, los medios de comunicación en sus variadas facetas.
Claramente, también es posible que estén funcionarios desleales o quienes asumen más una posición sectaria partidaria que técnica. Por eso se conoció del “Informe Rivarola” conectado con ex altos jerarcas, cuyos tentáculos en la administración pública siguen constituyéndose en los portadores de filtraciones a periodistas amigos.
Con el “cerebro”, que está detrás de la prensa o que opera en complicidad con los medios, se inicia el pasamanos de datos sesgados y documentos sacados de contexto que se reparten posteriormente como en juegos de naipes.
El mismo truco hacen dispersando rumores sobre supuestos problemas financieros, fallos de seguridad, insolvencia, escándalos éticos o esto o aquello. Realmente, una inmundicia: una roña de mal olor.
En esta perversidad no están ausentes quienes se creen “estrellas” de la prensa o los que viven engañados por el ego porque opinan y/o hacen columnas, en unos casos, sin conocer a profundidad el tema, pero sí asumiendo un semblante de sentirse el “experto independiente”.
La Tribuna afirma que las narrativas sucias golpean aún más la alicaída credibilidad de la prensa paraguaya. Esa caída libre de la confianza merece un debate serio en el esmero por sostener la supervivencia del noble oficio de informar, que precisa brindar seguridad y certidumbre a la sociedad en general.


