Ganó Lula su cuarto mandato presidencial en Brasil. Como viejo zorro de la geopolítica podría caer en el error de pretender tomar represalias contra Paraguay por su decisión de ser parte activa de Pax Silica. Esto significa que el país busca mejor provecho de su hidroeléctrica comercializando el excedente con empresas de los Estados Unidos.
Los indicios revelan que la decisión del Gobierno paraguayo de operar con las empresas de EE.UU. genera una actitud negativa en Brasil. Eso es así porque puede reducirse el excedente de Itaipú del que el sistema brasileño, históricamente, dependió. Cercanos a Lula hicieron escuchar que habrá alguna reacción por la soberana postura paraguaya.
El foco de la tensión ganó preponderancia cuando el proyecto fue anunciado en octubre del 2026 tras la visita del vicesecretario de Estado de EE.UU., Christopher Landau, a Asunción. La empresa estadounidense Crusoe (enfocada en infraestructura de inteligencia artificial) y la paraguaya Araico acordaron construir un megacentro de datos de computación de alto rendimiento adyacente a Itaipú.
Lo llamativo en el tema es que medios de prensa nacionales que por años y años cuestionaron que el excedente sea “regalado a Brasil”, hoy se oponen a que Paraguay haga un negocio diferente con empresas norteamericanas, con apoyo de la Administración Donald Trump. De hecho, podrían terminar siendo voceros de Lula en territorio guaraní.
Históricamente, al contar con una sola vía principal de salida para su energía sobrante, Paraguay le cedía a Brasil la electricidad que no consumía a cambio de una compensación económica establecida en el Tratado de 1973. El tema siempre produjo discusiones a nivel político y mediático en territorio nacional.
Lo cierto es que la posible ausencia de esa carga energética que monopolizaba Brasil, al ir para firmas privadas de Estados Unidos, obligará a la Administración Lula y a su mercado industrial a conquistar otras fuentes, que serán más costosas. Es decir, podría haber un recorte en el beneficio que tenía el vecino país en el uso de la energía paraguaya.
Otro dato a tener en cuenta es la cuestión internacional. Informes del propio O Globo destacan que en Luiz Inácio Lula da Silva existe recelo por lo que considera un avance de la influencia de Washington en el Cono Sur. Allí ponen el acuerdo Pax Silica firmado por Paraguay, que es de infraestructura tecnológica, al que se suman convenios previos de seguridad, hechos que causan incomodidad en Brasilia sobre su control en la región.
Entre las voces que irán escuchándose debe quedar en claro que el tratado de Itaipú otorga el 50% de la energía generada a cada país de manera soberana. Ergo, Paraguay puede disponer de lo suyo como mejor le convenga. Lo que preocupa a los usuarios nacionales es el déficit energético para el 2030. Esta situación es otra realidad que merece mayor atención que el enojo de Lula por el vínculo de Paraguay con Estados Unidos.


