La Tribuna está en la SIP por su amor al mejor oficio del mundo

Aprovechamos este domingo para informar que en el primer año de nuestro retorno en impreso, La Tribuna está asociada a la Sociedad Interamericana de …

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La Tribuna está en la SIP por su amor al mejor oficio del mundo.

Aprovechamos este domingo para informar que en el primer año de nuestro retorno en impreso, La Tribuna está asociada a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Es parte de un cronograma de crecimiento pensado en ubicarnos como protagonistas en la defensa de la libre expresión y la libertad de prensa.

La razón de ser para el retorno comienza con esa revolución que desafía la tendencia mundial en la que la prensa en papel desaparece. Este nuevo nacimiento condiciona la obligación a ajustarnos a la esencia del periodismo: producir contenidos que encaminen y encaren posibles soluciones a las dificultades que soporta la mayoría de la sociedad.

El tiempo actual, la era de la inteligencia artificial (IA) e internet, exige a la prensa, con mayor fuerza, entender que es aliada de la persona. La automatización de la información es una ventaja, pero también impone certificar, sí o sí, su veracidad que únicamente es más seguro cumplir con el discernimiento humano.

El momento digital plantea una sincera autoevaluación a los medios tradicionales. Eso ayudará a reconocer que la pérdida de la confianza, por qué no, es también por una lejanía de la gente o por tener agendas que van en paralelo o no son de interés de la población. Suena duro, pero es la realidad.

El producto, es decir el contenido, debe atender, intentar satisfacer y aportar valor a la persona. Una libertad de prensa que esté a kilómetros de distancia de la necesidad, urgencia y prioridad de la sociedad puede resultar insuficiente. Más aún cuando hoy en día, quien tiene un celular en la mano juega de periodista.

Como integrante de VMedia volvimos; para muchos sonará difícil, para otros una utopía; sin embargo, estamos convencidos –en el ideal– de que el deber de la prensa es poner su cuota ética colaborando para una mejor calidad de vida. Por cierto, recurriendo a la honestidad, se puede coincidir en que no existe otra causa mayor para la existencia del periodismo.

Cuando hablamos de la comunidad nos referimos, como foco inicial, a la paraguaya. A partir de ahí elevamos la atención, bajo la misma visión, a toda nuestra América, y por consiguiente –posteriormente– al mundo al saber que vivimos en una aldea global en que el aleteo de una sola mariposa puede causar un tsunami.

Por principio evitamos caer en el engaño de la soberbia en creernos “cuarto poder”. En ese diseño estratégico editorial buscamos colocar al Paraguay en el mundo. Por ello, sin renunciar a la severa crítica, del mismo modo, mostramos lo positivo del país. Es que valoramos la sana inversión (nacional y extranjera) como requisito para producir trabajo y salario.

Dentro de esa misma actitud proactiva, al conocer la fragilidad de las instituciones, dirigimos una comunicación que las pueda apuntalar y fortalecer, por lo que no somos ni el fiscal acusador ni el juez que condena. Tampoco pasamos la línea constitucional soñando que somos un “contrapoder” que disputa el gobierno a los propiamente electos. Somos, eso sí, sus principales contralores.

Tomamos como nuestras las palabras de Gabriel García Márquez. Él, sabiamente, llamó al periodismo “el mejor oficio del mundo” durante su célebre discurso ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en octubre de 1996. En su memoria, como prensa, debemos estar cerca de la persona, comprenderla; sentir la esencia y nobleza del periodismo para así inspirar una mejor vida en este siglo de la comunicación y la tecnología.

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