Hay dos conocidas expresiones que un medio colega usó, utiliza y a las cuales recurre para hacer creer que está por encima de la sociedad. Incluso, como las repitió tanto, logró instalarlas en ciertos estudiantes de periodismo y les sirvieron para confundir a incautos dentro de la democracia. Las mismas son eso de que la prensa es “cuarto poder” y “contrapoder”.
Por razonamiento lógico, se debe coincidir en que esa idea de que la prensa es el “cuarto poder” también en un análisis de manera formal carece de sustento, ya que no existe en las constituciones ni en las leyes. La división clásica del Estado se compone únicamente, no existe ninguna otra, de tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Es la metáfora atribuida en el siglo XIX a figuras como Edmund Burke y Thomas Carlyle. En su tiempo fue para describir la influencia de la prensa, aunque nunca fue para que se la coloque por encima de la Carta Magna. Considerarse más o sobre el propio Estado es excesiva soberbia para una profesión que más bien debe ser moderada.
En tanto, la definición de contrapoder es la pretensión que intenta contrarrestar al poder constitucional establecido. Puede decirse que hasta puede sonar bien, ilustrativo. Sin embargo, por prudente discernimiento, es crucial observar y asumir cómo se lo ejerce y —sobre todo— con qué suprema intención de objetivo se lo viene utilizando.
Pues, seamos sinceros. Cuando los poderes fácticos (económicos o políticos, metidos en la misma prensa) usan la comunicación como un “contrapoder” solo para propiciar sendas e interminables campañas para silenciar, ultrajar o matar a través de la manipulación, entonces se perjudica, daña, profundamente, la credibilidad en la labor periodística. ¿O no?
Ciertamente, la riqueza de la tarea de la prensa está en criticar, con toda firmeza, a los poderes del Estado. Lo debe fiscalizar, severamente, neutralizar los abusos, el autoritarismo y los excesos de cualquier autoridad oficial. Sin embargo, no es, de ninguna forma, un poder dual. Es decir, no es un doble poder de Estado.
Ya en el concepto sociológico se describe al poder dual como una situación de crisis en la que coexisten poderes que entonces son incompatibles dentro de un mismo Estado. Es que en democracia republicana no convive la Constitución que reivindica únicamente tres poderes de Estado y la prensa que se infla tomándose como un “cuarto poder”.
Desde esta posición editorial, queremos ser claros en nuestra misión como espacio de comunicación: nosotros no estamos con eso de “contrapoder” que también alienta la oposición por oposición, ni con ponerse la corona de “cuarto poder” para arrogarnos facultades que no son, definitivamente, de la prensa.
La Tribuna tiene como visión fortalecer la institucionalidad en Paraguay. Está lejos de esa arrogancia, altanería y presuntuosidad de estar sobre la sociedad. Su historia no permite la vanidad ni la pose engreída para disputar al Estado el monopolio del poder. Sí está sólida para controlarlo con el uso de la libre expresión y la libertad de prensa que igualmente garantiza la sabia Constitución de la República.


