Este editorial va dirigido a nuestros lectores preocupados porque desde nuestro retorno en formato impreso somos objeto de señalamientos y sucias operaciones. Decimos, ya a todo el público en general, que el apego a la institucionalidad y el esfuerzo por mostrar el Paraguay positivo al mundo no variará un ápice. Esos ataques disimulados y abiertos, en lugar de frenar la línea periodística, son un motor que nos impulsa y nos une.
La Tribuna es hoy la suma de un cuerpo de profesionales que aman el oficio de informar y valora lo bueno que tiene la nación. La Dirección tiene el soporte de un norte que fusiona currículum personal e historia ética heredada de los propios cien años de existencia del medio, por consiguiente posee la suficiente solidez para soportar la adversidad de las agresiones sistemáticas en el esfuerzo de intimidación e incluso amenazas.
Una prueba de competencia desleal que causa nuestra presencia fue la traba que puso el colega ABC Color al pedido para ser miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Posterior a que llenamos los requisitos presocietarios y participamos como invitados en la pasada reunión de medio año, movieron gestiones y acciones para impedir que seamos integrantes del prestigioso gremio.
Gracias a la amplitud de las autoridades de la SIP, pese a la oposición de ABC Color, estamos en condiciones de oficializar que estaremos en la Asamblea General que se hará esta semana en Bogotá, Colombia. Será una oportunidad para aprender más sobre el noble oficio de comunicar, hacer el aporte respectivo y escuchar la evaluación sobre la calidad de la libertad de prensa en la región.
Para La Tribuna, el ejemplo citado refleja un atentado contra puestos de trabajo y la libre expresión en ese marco de pluralidad que es deber en las democracias. Lo razonable hubiera sido, antes de entorpecer nuestro ingreso a la SIP, sentir orgullo de que en el país aparezcan idealistas que desafían la moda mundial donde el periodismo en papel va desapareciendo. Damos las gracias a la SIP por permitir que estemos en su cónclave y así ganar entendimiento y conocimiento con sus deliberaciones.
Se sabe que la prensa a nivel global tiene raíz empresarial. El nuestro, corresponde agregar, es igualmente foco de constantes golpes bajos, también liderado por ABC Color. Esto creció cuando La Tribuna se mostró agrupando alrededor a emisoras de radio, canales de televisión, soportes digitales y toda la magia de las modernas plataformas virtuales. Claro está que esa estructura es, absolutamente, independiente en su autonomía periodística.
Miramos con la cabeza alta a la sociedad nacional, porque podemos cometer errores como medio; de ser así, lo corregimos como debe ser. Tampoco somos de un grupo acusado por órganos internacionales de lavar dinero, de hacer negocios con sindicados como narcotraficantes ni estamos en cambios de postura editorial por simples coyunturas políticas.
Por suerte se sabe —hasta en la SIP— el modo como actúa el colega, así como lo asume íntegramente buena parte de la sociedad paraguaya. Por ello, esos augurios negativos sobre el rumbo de la nación y la mala intención por nuestra presencia en Paraguay se toman como parte de un estilo en decadencia, que si se mantiene tal cual es, perecerá, irremediablemente, con el paso del tiempo.
La Tribuna seguirá en su definido proyecto de crecimiento. Continuará valorando el momento macroeconómico y exigiendo que esos números lleguen al bolsillo del pueblo. Sin embargo, esa transición que se hace lenta no es causal para atacar el devenir de la República ni propiciar campañas sucias para eludir los desafíos que impone la libre competencia y la libertad de mercado en una sociedad abierta.


