El momento impone una adaptación de los modelos energéticos tradicionales a un escenario que pueda apurar el suministro seguro todo el tiempo. Eso debe ir de la mano con la modificación de los hábitos de los consumidores y donde las empresas (públicas y privadas) asuman roles acordes a las exigencias en cuanto a eficiencia y sostenibilidad.
Ante el cuadro descrito, parece oportuno que el sector energético nacional tenga un espacio para comprender todo el entorno de un presente que preocupa. Solo la aplicación de prevenciones rápidas hará que el devenir no resulte doloroso así como se pronostica, que afectará, duramente, la calidad de vida.
Al respecto, se espera que el encuentro del próximo 1 de octubre, con la realización de Energías Paraguay 2026, ayude a dar el paso de la teoría a la acción que soluciona. Así debe ser, pues se citan para deliberar autoridades públicas, empresas privadas, organismos técnicos y expertos dedicados a la utilización de la transformación tecnológica.
Más que nunca se precisan de visionarios y líderes. Estos son aquellos que encaminan, más allá de la discusión teórica, ya varias veces repetida, la urgente necesidad de la innovación, sostenibilidad y competitividad en el sector energético.
Es real la amenaza de una crisis energética en Paraguay. Se suscribe sobre un cuadro proyectado hacia el 2030 en el cual el consumo interno de electricidad agotará la capacidad máxima de generación de las hidroeléctricas nacionales (Itaipú y Yacyretá). Esto será debido al rápido crecimiento de la demanda industrial y doméstica.
No resulta inteligente que siga la continua pérdida de tiempo. Más todavía al saberse el escenario categórico del crecimiento anual de la demanda. A simple vista, es lógica la suba del consumo eléctrico con la mayor industrialización y la utilización masiva de aires acondicionados por los naturales picos de demanda ante las altas temperaturas.
Es razonable hacer una carga de presión en que los discursos no se concentren, únicamente, en el conocido análisis de la actualidad. Más bien debe sumar hasta la crítica constructiva al retraso en obras de transmisión y distribución de la propia Administración Nacional de Electricidad (Ande).
Aunque pueda ser un tema sensible, también merece el qué y el cómo para resolver el viejo contenido sobre el histórico superávit de energía barata e inagotable. Hay que avanzar, con hechos, hacia la diversificación incorporando fuentes renovables como energía solar, eólica y biomasa.
Confiamos que en Energías Paraguay 2026 se sepa enfrentar la amenaza y que el sector privado hasta lo pueda convertir en oportunidad de negocio. Ya el camino a recorrer está en: todo queda en la teoría y el sufrimiento o se acciona hacia la transición energética, la digitalización y la aparición de nuevas tecnologías, que construya la comunidad satisfecha mediante nuevos productos, servicios e inversiones.


