El acuerdo entre médicos y el Gobierno que puso fin al conflicto laboral posicionó tres lecciones: el valor de los líderes sensatos (1), la prioridad del servicio sanitario (2) y la cachetada a los que acercaban kerosén para que la huelga tenga una intensidad de arrastre nacional (3).
En Mburuvicha Róga, el ministro Fretes destacó el liderazgo de la gremialista Rossana González en el proceso de reclamo reivindicativo y pacificación final. Un destaque similar debe atribuirse a la autoridad ministerial y al presidente de la República, Santiago Peña, y al vicepresidente Pedro Alliana. Todos aportaron equilibrio y supieron ceder en las posturas iniciales (1).
Ciertamente, el consenso no garantiza de forma automática la excelencia de la salud pública, pero es el seguro para que los centros hospitalarios sigan funcionando con los profesionales presentes. Queda sí la voluntad expresada de la aplicación de políticas de prevención, la necesidad de fortalecer la atención primaria y el deber en el uso austero y eficiente de los recursos sanitarios (2).
A quienes se les aguó la fiesta son a los que querían la prosecución del conflicto. Son aquellos actores que encuentran su fuente de beneficio personal o grupal en la división y la inestabilidad. En eso están asociados –unidos en contenido– medios y políticos que azuzan el populismo, la polarización y hacen hasta un negociado de la confrontación (3).
Valga la moraleja sobre la trascendencia y de lo provechoso de los liderazgos maduros y racionales (1) para avanzar en el ideal de que la salud pública llegue a la mayor cantidad de la población (2). Definitivamente, la dirigencia sana en pro del interés general son antídotos contra esos que se ejercitan en la apuesta tratando de obtener ventajas del enfrentamiento constante y del choque diario (3).
En verdad, la ampliación del acceso a los centros de salud locales, las campañas de vacunación masiva, la educación sobre nutrición e incluso el bienestar del personal de la salud parten de buenos liderazgos entrelazados entre sí (1 y 2). Poco o nada aportan personajes y sectores que operan tramando inquina, encono y hasta la colisión entre compatriotas (3).
Ya pasando a un análisis posacuerdo, de lo sucedido el lunes en la casa presidencial, debe asumirse que la calidad de la salud pública también depende de otros elementos ajenos a un aumento de sueldo. Queremos ser proactivos y por eso agregamos que el desafío pasa igualmente por la provisión de los fármacos, mayor infraestructura y recursos de los hospitales y que los equipos médicos hagan honor a la profesión.
Así como tuvo un desenlace sabio la crisis médica, esperamos que en la anunciada protesta de los docentes también rijan los liderazgos sensatos. Acá el entendimiento del bien común está en la educación integral y la formación holística de los estudiantes. De haber uso de razón, los nocivos que pretenden cierta proyección en política o sacar algún lucro a costa de los gritos de barricada o la batahola a todo tiempo no obtendrán lo que esperan.
La Tribuna aprecia la dirigencia gremial y la autoridad política inteligente. Solo con los que se animen a portar la bandera de la comprensión habrá garantías en el control sobre los gastos públicos y la gestión a favor de la ciudadanía. Ellos son quienes ayudarán al Paraguay a evolucionar hacía una reforma nunca hecha, más profunda, tanto en salud como en educación, además de áreas que afectan la vida diaria de la población.


