Consenso pro transición entre el crecimiento y el desarrollo

El rumor de más tributos generó opiniones dentro de la Cámara de Anunciantes del Paraguay (CAP) y del Centro de Regulación, Normas y Estudios de la C…

| Por La Tribuna
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Consenso pro transición entre el crecimiento y el desarrollo.

El rumor de más tributos generó opiniones dentro de la Cámara de Anunciantes del Paraguay (CAP) y del Centro de Regulación, Normas y Estudios de la Comunicación (Cerneco). Aunque fue descartado por el presidente Santiago Peña, queda entender que fueron por el contraste entre los gastos públicos con los ingresos y las secuelas sobre la deuda país.

Lo cierto es que el tema mantuvo el debate en el mismo espectro que se arrastra en décadas. El libreto giró sobre lo conocido: suba de impuestos y hasta recortes de pago de bocaditos. Lo que corresponde es una reforma de alto impacto en el sector público que comienza y se empuja con la visión desarrollista.

Evidentemente, falta elevar el discurso político. Podría decirse que es necesario pasar del decir de forma individual o como posturas de grupos al consenso nacional que deje en el pasado el contenido que glorifica el crecimiento descuidando el saldo en rojo del gasto estatal. Ya no es posible ignorar que el desarrollo es la definición de prioridades en la inversión pública.

Falta avanzar en el análisis riguroso para entender que el ahorro interno cercano al 18% del Producto Interno Bruto (PIB) no hará posible alcanzar niveles de inversión del 30% sin recurrir –significativamente– a más auxilio externo. Más deuda es en expresión gráfica, y real, como aquél mito de la espada de Damocles.

La mora estatal no es una cuestión que se resuelve en el apuro y en medio de ruidos del momento. Las posibles soluciones requieren racionabilidad. Una mala jugada puede repercutir sobre los años y las generaciones que vienen. La coyuntura exige madurez. No es la mejor receta pretender tocar el sistema tributario en tiempo de crisis.

La serenidad y la acción con inteligencia ayudarán a administrar las cuentas con flexibilidad, donde la concentración está en cuidar el límite del déficit. Las sugerencias entre los economistas varían; sin embargo, en promedio se sostiene que un déficit de hasta 2,5% del PIB puede permitir un nivel similar de inversión y sostener el proyecto de crecimiento económico aproximado al 4%.

La idea fuerza coincidente es que se debe fortalecer el control de los pagos corrientes como una vía para preservar recursos para obras y otros proyectos de inversión. Ni siquiera los USD 1.500 millones adicionales generados tras la reforma de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios están siendo suficientes, pues también tiene encima compromisos en pagar capital e intereses.

Lo conveniente es privilegiar al desarrollo en la agenda. Eso llevará a combinar al menos –ya en diseño– el necesario inicio de inversiones en recurso humano, hábito a la tecnología e instituciones transparentes y fiables. La macroeconómica estable debe representar la seria medición de la inflación y cuentas fiscales sanas para generar confianza.

La Tribuna invita a producir la transición entre eso de medir todo en números (crecimiento) y el objetivo hacia el bienestar de la gente. El cambio hacia lo cualitativo implica la maduración y evolución funcional de las instituciones públicas y la calidad del sector privado. Al país hay que observarlo en su todo general, no en parcelas con el vicio del remanido crecimiento, que ya resulta corto, escaso.

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