El valor de la credibilidad en la marcha de la República

La mirada a organizaciones e instituciones mostrará el riesgo en la posible caída de sus credibilidades.

| Por La Tribuna
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El valor de la credibilidad en la marcha de la República

La mirada a organizaciones e instituciones mostrará el riesgo en la posible caída de sus credibilidades. Alcanza no solo a la clase política, podría entenderse a grupos empresariales, sectores sociales, incluso a la prensa y la propia Iglesia. Un repaso sobre sus deberes podrá servir de alerta ante el deterioro de la confianza, que puede ser grave si se asume que la suerte de Paraguay depende de todos sus recursos humanos.

Clase política: La responsabilidad de los partidos políticos es garantizar la representación democrática y el bienestar general. Tanto oficialistas como opositores deben accionar como el nexo legítimo entre la ciudadanía y el Estado. Hoy, prácticamente, están divorciados de la gente y cuasi viven del aparato estatal.

* Muchos políticos operan más para los titulares de prensa que en efectivizar la agenda que beneficia al pueblo.

Gremios empresariales (Feprinco, UIP, ARP, etcétera): El compromiso que tienen con el país radica en que sean actores estratégicos para el desarrollo socioeconómico sostenible. Para eso deben promover la competitividad, la institucionalidad y saber que la libertad de mercado no acogota al consumidor.

* Se percibe más que bien que únicamente están en la defensa sectorial, hasta con algunos de sus socios que evitan cumplir con sus obligaciones.

Gremios sociales (centrales obreras y sindicatos): Tienen la obligación de ser igualmente puentes democráticos entre la ciudadanía y el Estado, garantizando que las demandas de los sectores que representan se traduzcan en políticas públicas viables y justas. Son parte de la estabilidad, el desarrollo económico y la cohesión social del país.

* Actualmente están siendo juzgados, mayormente, por el simple rol de la protesta.

La prensa: Su razón de ser consiste en informar de manera veraz, ecuánime y contrastada, sirviendo como pilar de la transparencia y la democracia. Debe dar datos precisos y oportunos que permitan participar de manera consciente en la vida pública.

* En general, está siendo (nos incluimos) percibida sin rigurosidad y ética, abusando de rumores llegando incluso a usar la información como medio de aprietes.

La Iglesia (o las iglesias): Su presencia ciudadana pasa por promover el bien común, la justicia y la ayuda social (de eso hablan sus líderes), pero respetando el rol independiente del Estado. Tiene que brindar contención, orientar la ética, defender la moral y los valores bajo los principios que se declaran en homilía y oraciones.

* Varios de sus líderes están siendo cuestionados por descuidar el rol de guías espirituales sumándose como unos simples analistas más sobre la conocida realidad nacional.

Conclusión: La ineficacia política y la corrupción pública no son nuevas, que incluyen a los poderes del Estado. La falta de contenido de ciertos entes empresariales se percibe como que algunos de sus asociados ni se adecuan a la ley laboral. Las centrales sociales hace rato perdieron crédito, por eso ni todas unidas juntan mil personas.

La preocupación nueva en proyección creciente es esa sensación de que la prensa ya es parte de la problemática y que la misma Iglesia (todas en general) también pueda caer en la desconfianza. Puede parecer duro el editorial, pero todos están (estamos) a tiempo para afirmar que la suerte de la República es el compromiso adecuado y correcto de todos los actores humanos.

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