Desde la vuelta a la democracia (1989), las tensiones por atender las necesidades públicas fueron las mismas: mal uso o mala distribución presupuestaria. Se asumió que cada año subía la incapacidad del Estado para hacer frente a su costo. Lo que nunca se hizo ante esto fue una campaña a escala mundial para captar dinero con el objeto de ir subsanando una crisis en crecimiento.
Este gobierno sí entendió que el Estado ya quedaba sin remanente para honrar sus obligaciones en áreas de salud, educación, seguridad, obras, etcétera. Por ello, no solo emprendió viajes tratando de seducir a los extranjeros, sino que inició una estratégica visión de hacer conocer el país y apoyar eventos de magnitud e interés internacional.
Sin desconocer que la corrupción pública es una herencia pesada, paralelamente es bueno entender que, además de la transparencia, cualquier nación inteligente sabe que las cuentas sociales suben cada año y que se debe conseguir inversiones foráneas para satisfacer las necesidades internas. ¡Hasta es básico!
Por eso es miopía en aquellos que toman el WRC ueno Rally del Paraguay como algo aislado y sin sentido. En verdad, es parte de una campaña integral de Marca País (nation branding). Ese mismo sector con ceguera habla de manera populista, o malintencionada, diciendo que lo gastado se hubiera usado en cubrir el reclamo salarial de los médicos.
Quienes actúan sin criterio deben saber que la inversión fue mínima en esa intención de proyectar el rostro guaraní fuera de las fronteras. Es más, tuvo respaldo de empresas privadas conscientes. La extensión de lo que pasó en Itapúa fue una promoción casi a costo cero si se compara con lo que cuesta (decenas de millones de dólares) dar a conocer al Paraguay como buen polo de negocio e inversión.
Tampoco pasa por eventos que se hagan una o dos veces. Tiene que ser continuo, debe responder a una política de Estado. Por eso, el devenir está ante dos trayectos: los que se someten a la inmediatez de lo mismo de siempre y quienes apuestan a la acción en favor de cumbres mundiales, que son la vía para ubicar al país, a mediano y largo plazo, ante los ojos de los continentes.
A quienes critican, por ignorancia o mala fe, se les debe convencer de que los costos por un plan de marketing y comunicación se inician con millones solo en honorarios de consultoras internacionales especializadas. Es que hasta anuncios en medios globales, ferias internacionales, plataformas digitales y televisión absorben presupuestos anuales difíciles de sostener.
Ya el tiempo, en caso de ser transversal a este gobierno, hará conciencia y dará la razón para comprender que, más que la publicidad superficial, se precisan de políticas públicas de diplomacia marketera y acontecimientos de interés global para producir atracción de inversiones a largo plazo.
Las finales en el fútbol de Sudamérica, los Juegos Panamericanos, las actividades regionales que hace el Comité Olímpico, los actos culturales y el propio ueno Rally del Paraguay son parte de otras series de pasos que deben permanecer en el tiempo. Es la manera de asegurar capital e ir calzando financieramente las urgencias y prioridades que tiene como deber el Estado paraguayo.
La Tribuna sostiene que la marca Paraguay es lo más sabio que se hizo en mucho tiempo. Obviamente, la campaña de posicionamiento debe ir acompañada del racional uso de los recursos y el combate a la corrupción. Así, lo que quede en las arcas del Estado (con distribución a toda la sociedad) servirá, efectivamente, para el vivir con suficiencia del pueblo paraguayo. ¡Así sea!


