La digitalización bancaria ayuda a reducir la informalidad y eso significa inclusión. Al abaratar costos, democratiza el acceso al crédito y encamina el desarrollo socioeconómico. Sobre todo, es una manera positiva de colaborar y dirigir al país hacia las demandas que impone el entorno global contemporáneo.
Se percibe en Paraguay, al respecto del citado tema, dos conductas empresariales de servicio. Una busca mantener un pasado imposible de sostener. La otra es visionaria –empezó hace unos años– y lleva la delantera incluyendo ya hasta a sectores vulnerables o no bancarizados al sistema formal.
Una es parte de la cultura de la comodidad, difícil de entender en pleno siglo XXI. La otra asume que está en el milenio de la eficiencia y rapidez de la tecnología. Una sigue con la atención en horarios fijos de lunes a viernes usando el papel. La otra ya disminuyó el uso de efectivo físico y agiliza los servicios de manera continua las 24 horas de lunes a lunes.
Una, por su estilo de trabajo vetusto, aún puede estar dejando mayor espacio para el amparo de la evasión fiscal y que –por falta de trazabilidad digital– expone la factibilidad del lavado de dinero. La otra apuesta a la transparencia y al control cruzado.
El observador riguroso podrá comprobar que mientras una queda en la queja, sin evolución ni posibilidades de captar inversiones externa, la otra crece al facilitar ventajas al usuario, que puede ejecutar todo trámite desde su propia cocina. Incluso un sábado y domingo de noche, aumentando de esa forma su porcentaje de clientes por todo lo que ofrece.
Por eso, por más campañas mediáticas y alianzas a oscuras que puedan existir no se podrá detener el liderazgos de aquellos bancos digitales que funcionan sin usar oficinas de papel y que dejan que sus usuarios operen por el celular o la computadora, permitiendo abrir cuentas, enviar dinero y pagar con QR de manera rápida.
Quien desconozca que se vive el tiempo del conocimiento podrá gastar toda la tinta y papel, pero ya no influirá en esa sociedad que crece cuantitativa y cualitativamente en su adaptación apostando a los bancos digitales por encima de las entidades financieras que se trancaron en tiempos idos.
Un ejemplo conocido en el país es ueno bank, que habilita la apertura online, deja crear con cédula y una selfie desde una aplicación móvil sin necesidad de ir hasta una sucursal y formar filas. Encima con oficinas abiertas, como dirían los jóvenes: 24/7.
Los sistemas de servicios ágiles, modernos, sin mucha burocracia llegaron para quedarse, con acceso y soporte operativo continuo todos los días, con el simple uso del celular desde el lugar que la persona se encuentra. Lo que se viene en Paraguay: más entidades bancarias digitales. Eso está claro.
Por ello, aunque duela decirlo, no se precisa mucha ilustración para anunciar la muerte de aquellas plataformas bancarias obsoletas. Será así por la libertad, el discernimiento y el derecho de los usuarios que, irremediablemente, valoran la calidad de los servicios que se brindan en tiempo, forma y sin gestiones operativas aburridas y burocráticas.

