Japón, suma de tecnología y cooperación público-privada

La visita del príncipe heredero Akishino y la princesa Kiko hizo que se hablara de Japón como nación exitosa.

| Por La Tribuna
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Japón, suma de tecnología y cooperación público-privada

La visita del príncipe heredero Akishino y la princesa Kiko hizo que se hablara de Japón como nación exitosa. Además de recordar tal prosperidad, será conveniente emular sus causas, que se puede resumir en la combinación de disciplina social (1), la inversión en educación (2), la innovación tecnológica (3) y la estrecha cooperación entre el Gobierno y el sector privado (4).

Disciplina social. Actualmente hay esfuerzos por encaminar tal concepto. Un parámetro a entender es el buen vínculo que debe tener el capital y el trabajo. Es una base igualmente el aspecto que está apuntando el Gobierno con la atención prioritaria al grupo más vulnerable, con Hambre Cero, Adultos Mayores, la titulación de las tierras y el beneficio con Che Róga Porã.

Inversión en educación. El Gobierno concentra parte importante del gasto público en dicha área, alrededor del 33% de los recursos ejecutados, equivalentes a unos G. 7,3 billones con incrementos interanuales cercanos al 9%. Existe respaldo a programas digitales gratuitos y becas universitarias. La recomendación de la Unesco es pasar del 3,4% del producto interno bruto (PIB) al 7% para países en desarrollo.

Innovación tecnológica. Esto es clave en esta era. Hay empresas privadas que lideran procesos de crear nuevos productos, servicios y modelos de negocio basados en la aplicación de nuevas tendencias. Lo ideal es que más compañías se unan, no solo simular la copia o, peor, pretender trabar al que aplica el conocimiento técnico y científico para generar valor económico y productivo medible.

Cooperación entre Gobierno y sector privado. Les cuesta a unos conglomerados todavía entender tal concepto. Aquellos quieren jugar como un cuarto poder, que es risible en un estado de derecho. Lo ideal es asumir que la alianza público-privada une recursos, dinero y talento para crear obras, servicios y empleos. Acelera el crecimiento y mejora la vida de la mayoría de la población.

Conclusión. Lo bueno es que está emergiendo una casta política y privada que comprende el valor de la eficiencia dentro de una convivencia pacífica. Es esa vía la que hará honor al desarrollo del respeto, el orden y la puntualidad, que en consecuencia serán los cimientos de la población digna y autosuficiente.

Japón es lo que es por su cohesión social sustentado en una distribución equitativa de la riqueza. Supo consolidar una clase media responsable que actúa en el marco de derechos y obligaciones. Principalmente –con cordura, equilibrio y sabiduría– entendió que la polarización económica y social no es saludable.

El mayor desafío en Paraguay, para seguir cabalmente el éxito japonés, tal vez esté en recuperar esa cultura sinónimo de la razón de vivir y de ser como sociedad en su integridad. La armonía radica en ajustar y sintonizar las distintas fuerzas dentro del país en que cada sector debe anhelar la excelencia.

Por encima de quienes continúan empujando hacia abajo queriendo mantener privilegios –por temor a la competencia– se debe avanzar hacia el modelo japonés basado en la educación, la racionalidad, la suma de la tecnología de punta y la cooperación entre el Gobierno y el sector privado. En ese andar hay que seguir, ¡duela a quien duela!

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