Una marca de resiliencia y de soberanía patriótica

El Cañón Cristiano representa la resistencia nacional de una generación que amparó, con uñas y dientes, a la patria en aquella desigual contienda llamada Triple Alianza.

| Por La Tribuna
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Una marca de resiliencia y de soberanía patriótica

El Cañón Cristiano representa la resistencia nacional de una generación que amparó, con uñas y dientes, a la patria en aquella desigual contienda llamada Triple Alianza. Por años siempre fue un reclamo incesante y ahora el Gobierno lo está recuperando mediante la mediación del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.

Es más que una histórica pieza usada por la artillería paraguaya de unas 12 toneladas. Es símbolo de la sangre guaraní decidida a entregar lo que posee y hasta lo que no tiene para proteger el derecho de una República a ser independiente y que su bandera flamee libre.

Fue fabricada en 1866 en Ybycuí, construida fundiendo el bronce de las campanas que las iglesias del país donaron para repeler a los agresores. De ahí proviene su nombre; de la utilización del metal de los templos religiosos para crearlo.

Como se podrá comprender, su origen revela actitud de desprendimiento y espíritu de solidaridad, atributos que caracterizan el ser nacional y que jamás deben perderse.

Es la fotografía precisa de una sociedad sacrificada, y que pese a la mayúscula adversidad, se movilizó ante el avance criminal de los vecinos Brasil, Argentina y Uruguay. Estuvo por décadas en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro tras la batalla de Humaitá.

Es pieza clave de la memoria e identidad. Es el relato de ese Paraguay que se vive y siente, y, sobre todo, mantiene su sentido de pertenencia. Es la conexión y aceptación de una ciudadanía orgullosa de la estirpe y valentía de entenderse como pueblo.

La decisión de que retorne a su lugar de nacimiento debe servir, no solo para desactivar posibles roces diplomáticos, sino para que los jóvenes sientan lo que es el Paraguay y se comprometan con su devenir, más todavía en la actual globalidad que también arrasa cultura y convivencias tradicionales.

El Cañón Cristiano es la emblemática esencia de esa interesante mezcla de poder político, conducta militar y rol social que hizo suya, con los hechos, la unidad. Es una marca de resiliencia y soberanía patriótica que partió de ese indisoluble vínculo entre gobierno y gobernados para defender, como sea, el amado suelo patrio.

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