Un principio supremo es la solidaridad con el hermano. Por ende, es justo que Paraguay haya despachado medicamentos, insumos hospitalarios y alimentos no perecederos a los colombianos de Medellín. Es una forma de asistencia a las miles de víctimas del sismo de magnitud 7,4 que sacudió el occidente colombiano.
Ya salieron las voces tóxicas de siempre a querer encontrar la quinta pata al gato ante la decisión del Gobierno de colaborar con los hermanos latinoamericanos. Lo hacen más por la maldad conocida, pues es difícil que —por ignorancia— desconozcan el vínculo histórico indisoluble entre Colombia y Paraguay.
Estamos hablando de una nación con la que la hermandad se cimentó de forma profunda durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Está en la actitud del patriota mantener viva en la memoria social que el Congreso de Colombia emitió la Ley 78 de 1870 para declarar que ningún paraguayo sería forastero y obtendría la ciudadanía automática si el país llegaba a desaparecer.
¡Es tremenda esa declaración legislativa! Fue en el tiempo en que tres países vecinos tenían, con armas sedientas en manos, el objetivo de hacer desaparecer la sangre guaraní. Ese intento de aniquilación, pues no lograron su meta, tuvo el silencio cómplice de casi todos los pueblos latinos, menos el de la República de Colombia.
Aquel gesto fue todo un hito de fraternidad, cuya reciprocidad bilateral no se podía desconocer en este mal momento de los colombianos. Por eso, es de justicia el auxilio a la emergencia provocada por el sismo registrado el pasado 10 de agosto, cuyo epicentro fue cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó.
Si hoy todavía emociona el apoyo moral en aquellos tiempos de la Guerra Grande, en aquel momento tuvo un significado de mayor envergadura. De hecho, Colombia fue de los primeros en reconocer la independencia paraguaya a través de la declaración de Nueva Granada en 1846. Es decir, fue mucho antes de la barbarie perpetrada en la contienda contra la Triple Alianza entre Brasil, Argentina y Uruguay.
El agradecimiento nunca puede extinguirse; es deber de toda buena ciudadanía mantenerlo perenne en el tiempo. Esa Ley de Solidaridad llegó en una coyuntura de riesgo de extinción territorial del Paraguay. Allí apareció el gobierno de Eustorgio Salgar, que garantizó derechos plenos de los ciudadanos paraguayos en suelo colombiano.
Otro detalle que poco se conoce es la mediación en el Chaco. En la década de 1930, diplomáticos colombianos colaboraron en los diálogos de paz para resolver el conflicto del Chaco Boreal entre Paraguay y Bolivia. Hoy en día se mantienen foros e intercambios a través de ambas cancillerías enfocados en seguridad, comercio y cultura.
La Tribuna —que es parte de la historia paraguaya—, cuyo principio es la gratitud, aplaude la ayuda enviada. Igualmente, felicita al presidente Peña por acompañar personalmente el proceso de embarque y su mensaje de aliento remitido al pueblo colombiano y a su homólogo, el presidente Abelardo de la Espriella. La gratitud nunca se debe perder, menos con Colombia.


