Entre analizar los tres años transcurridos o los dos que restan de la gestión del presidente Santiago Peña, este segundo aspecto tiene preponderancia tanto para el Gobierno como para el país. Lo no hecho o ejecutado es parte del pasado. Ciertamente, lo conveniente es intentar observar el futuro representado en 730 días hasta el 15 de agosto del 2028 que asumirá el nuevo Ejecutivo.
Hoy, mañana y en la semana, las opiniones –mayormente– se centrarán en los anteriores tres años. Es bueno que así sea. Igualmente, tiene valor el intento por visualizar los años restantes. Acá el reto, tal vez, sea traducir la macroeconomía en mejoras para la billetera social, un control de las finanzas públicas y el liderazgo ante posibles tensiones que puedan crecer dentro del propio Partido Colorado.
Esa relación entre finanzas y gasto social constituyen los costos que conlleva el aparato público y la microeconomía familiar. No será fácil hallar el equilibrio. Nunca lo fue. Solo que en términos de gestión, mirando el 2028, será trascendente que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) y la baja inflación sean reconocidos en la posibilidad de consumo por la mayoría de los hogares paraguayos.
Los viajes presidenciales son vistos como positivos porque generan la expectativa de más fuentes de empleo formal. Para el futuro, ante mayores inversiones externas, deja el espacio para el cumplimiento de los puestos de trabajo prometidos. Eso revela apuntalar de forma creciente el desarrollo con menos informalidad de los subempleos.
Las obras públicas son colchones que dan mano de obra. En el caso de Che Róga Porã permite el valor agregado de las casas propias. Este aspecto favorable deriva en el deber de sostener su ritmo, al igual que otros programas sociales, como Hambre Cero -que llega a las escuelas y oxigena a los sectores más débiles– y el subsidio a los adultos mayores.
Una realidad regional y mundial son la deuda y el déficit fiscal: debe haber el margen financiero que permita pagar deudas históricas atrasadas, dentro de la flexibilidad y el debido control, y cabe que el Gobierno busque elevar el tope del déficit fiscal. Eso, claramente, debe darse sosteniendo la inversión pública y sin frenar la economía.
Se hizo el esfuerzo, y todavía hay tiempo para avanzar con los cambios en la Caja Fiscal. Esta herencia pesada se corrigió a medias. Lo cierto es que persisten sectores privilegiados sobre otros dentro de las jubilaciones, que mantienen el riesgo sobre la normalidad del sistema.
Ya resumiendo, sobre lo que queda hasta el 2028, en la integridad está la responsabilidad de todo el partido de gobierno. Pues la ANR, si quiere asegurar su chance de continuidad en el poder, en lo básico, debe evitar la confrontación interna de agresividad extrema, ya que eso, además, afectará las obras en ciernes hasta el 2028, por lo que terminará perjudicando, indebidamente, a todo el pueblo.


