Se hilvanó con paciencia. Se privilegiaron los beneficios mutuos. Las coincidencias, con sabiduría, se colocaron sobre las diferencias coyunturales. La referencia está dirigida al histórico vínculo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, que es otro de los puntos favorables en este tercer año de administración del presidente Santiago Peña.
Tampoco es un detalle menor que el acuerdo se haya rubricado en la ciudad capital de la República del Paraguay y que se hizo efectiva cuando el gobernante nacional ejercía la presidencia pro tempore del Mercosur. La ceremonia, ciertamente, fue un hito regional y global catalogado como un logro clave de la diplomacia integradora tras más de dos décadas de negociaciones infructuosas sin resultados.
El vínculo de manera oficial –para avanzar en el comercio en bloque entre los socios de esta parte de Sudamérica y las naciones europeas– se firmó el 17 de enero del 2026 en el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central del Paraguay. El pacto provisional entró en vigor el 1 de mayo del 2026.
Aunque deben ir puliéndose detalles para el mejor entendimiento, la posibilidad de integrar más de 700 millones de consumidores tiene una dimensión de porte extraordinario. Es que con la eliminación de los aranceles, el objetivo apunta a más del 90% del comercio libre de impuestos aduaneros. Algo inédito.
La fotografía que proyecta el futuro prometedor descansa en esa imagen sobre rostros de altos representantes de ambos bloques, liderado en ese tiempo por el presidente anfitrión, Santiago Peña, y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Corresponde que la dimensión de tal acuerdo sea valorado, tanto por los exportadores como por los consumidores locales por la variedad de bienes y servicios industriales y tecnológicos. El trueque económico, de ida y vuelta, ya depende, por igual, de la capacidad de negociación de los órganos públicos y privados.
La seriedad en el avance de la integración corresponde, claro está, a los distintos líderes, cuya base de confianza radica en la previsibilidad. Las reglas claras para ambos bloques serán de estímulos para el normal, constante y formal intercambio de los negocios lícitos.
Las oportunidades en el devenir son inmensas. Desde el Mercosur habrá acceso libre o por cuotas crecientes para carne, aves, azúcar, arroz, frutas y vinos. Industria y tecnología. Además, habrá reducción de gravámenes en maquinaria, sector automotriz y productos químicos importados desde Europa.
En conclusión, ambas partes tienen mucho que ganar con este acuerdo. La explotación del mercado y capital europeo de parte del Mercosur no tiene límites. Una oportunidad que, guste o no, queda en la historia registrada con el pacto firmado en Asunción bajo la gestión del presidente Santiago Peña.


