Hacer foco en la responsabilidad de los funcionarios municipales, aprovechando un nuevo inicio de gestión luego de los comicios de este 4 de octubre, es tarea de los líderes comunales. Pues la eficiencia de servicio no pasa solo por quiénes sean intendentes y los que integran las juntas distritales, sino por todos aquellos que poseen como hábito y responsabilidad diarios de cumplir con el contribuyente.
Los jefes comunales, por cierto, se exponen al cambio en cada sufragio quinquenal. Lo mismo sucede con el cuerpo de concejales. Sin embargo, la estructura burocrática de los empleados municipales se mantiene por años, la mayoría de ellos permanece hasta la jubilación. La atención indebida –en buen porcentaje– obedece o es culpa de la desidia o parsimonia de esa gente asalariada.
La eficiencia pública no se trata de hacer bien las cosas a la fuerza. Más bien es consecuencia de la actitud que tiene como base el saber qué hacer y asumir conciencia sobre que el patrón es el contribuyente. Se requiere para eso una constancia en aptitud para cumplir con la obligación sin distracciones que provoquen el alejamiento de las metas.
La eficiencia en la función pública, que incluye a todos los servidores del Estado, es el resultado de la habilidad en utilizar mejor el tiempo y la energía, que por ser acciones cotidianas, se pueden volver automáticas, sin sentimientos. Ante esa rutina, que puede ser peligrosa y nociva, debe asumirse que no es solo una cuestión de un servicio más, sino que es un deber con principios éticos.
La eficiencia pública se constituye en base para optimizar los recursos de los municipios, en el caso específico que concierne a este editorial, pero que se extiende por igual a todos quienes reciben salario que salen de los impuestos y tasas. El ideal encadenado conlleva a garantizar respuestas oportunas, transparentes y de calidad a favor del contribuyente.
Asimismo, la eficacia en la función pública es la comprensión de una administración honesta que cuida cada dinero y recursos sin desperdicios. De cara al ciudadano, es reducir tiempos de espera y simplificar los trámites.
La efectividad en la función pública es el ejercicio pulcro de una tarea retribuida en pro del bien común. No requiere padrinos, color ni ideología, ya que descansa sobre la meritocracia que se fomenta mediante concursos limpios para el ingreso de los capacitados.
Por la importancia del servicio comunal, una tarea que sí deben realizar los futuros intendentes es fomentar la capacitación de los funcionarios. Eso incluye hasta el esfuerzo de reciclar conductas dañinas con el objetivo de satisfacer las necesidades y urgencias de los ciudadanos de todos los distritos de la República.
En fin, ahora que se avecinan los sufragios comunales es de trascendencia tener en la mira que lo bueno y lo malo en el servicio municipal tiene su peso en la conducta servicial o perjudicial de la estructura de funcionarios. Entender tal situación significa que una de las primeras prioridades de las autoridades electas próximamente será resolver la corrupción e ineptitud que tienen sus propias raíces en el personal comunal.


