La militancia política no debe tener esa percepción o la realidad de que sus actores se hacen ricos o solo privilegian su buen pasar en contraste con el nivel de vida de la sociedad. Aquella debe ser honorable sirviendo al bien común con honestidad, coherencia, transparencia y respeto a los que dicen representar.
Un estudio de mercado terminará por confirmar la creencia popular que en porcentaje alto personas de condiciones paupérrimas, al pasar un tiempo por la política activa, elevaron potencialmente su patrimonio. Eso va de contramano con ese sector social que tiene dificultades para ir progresando.
Hay excepciones, claro que sí. Sin embargo, lo apuntado no debe pasar desaparecido. Pues tal situación está registrada hasta en concejales distritales y departamentales. Debe asumirse que cuando un personaje no justifica lo que acumuló se constituye en un factor más de desigualdad y pérdida de confianza democrática. Esto provoca mayor corrupción sistémica y agrega la frustración ciudadana.
Se habla cotidianamente de la iniquidad. Es un punto que aún no se supo resolver en el actual espacio de libertad iniciado en 1989. Lo triste es que los políticos se llenan la boca prometiendo soluciones e ignoran que la desigualdad empeora cuando ellos, en vez de dar respuestas, acumulan bienes mientras la mayoría carece de recursos básicos.
El uso indebido del poder, la corrupción y el manejo oscuro de los fondos públicos son las vías que usan los actores en la política. Hay casos congelados en la Justicia sobre denuncias de prácticas de enriquecimiento ilícito por licitaciones y adjudicaciones de obras públicas o propias a cambio de sobornos.
Viendo la cantidad de precandidatos a concejales que participaron en las internas por distintos grupos, cabe preguntar si la atracción fue el servicio a sus ciudades o una oportunidad para satisfacer intereses personales. La verdad es que la persona en un cargo público o electa por medio del sufragio goza, como mínimo, de información privilegiada.
Otro detalle no menor es que detrás de una postulación está algún financista o el llamado padrino político. Este es el inicio de una financiación ilegal de campaña, que describe la recepción de dinero, mayormente oculto, a cambio de futuros favores una vez que el electo esté en el poder
Sí los que deben ayudar a resolver la iniquidad son igualmente parte de la causa, entonces la sinceridad intelectual obliga a decir que existe doble discurso en quienes encima de no aportar nada se enriquecen. La democracia requiere que la militancia política rebose de valores, tanto en tiempos de campaña electoral como en el ejercicio del poder sean oficialistas o respondan a sectores de la oposición.


