El Paraguay ya siente la cercanía de las municipales en este 2026 y se escuchan nombres de los posibles presidenciables para el 2028. Dicho ritual es normal dentro de las sociedades abiertas. Lo que se debe construir, y que es seguro que falta, son los consensos políticos posteriores a los sufragios.
Es que terminada toda compulsa electoral, nadie gana todo ni nadie debería perder todo. La gobernabilidad, muchas veces, está ausente en el mismo partido de gobierno. De hecho, la Asociación Nacional Republicana (ANR) casi siempre se dividió en grandes bloques entre el oficialismo y el llamado de oposición.
Ese manejo es conocido, siendo este tiempo una excepción en que existe una sintonía entre el Poder Ejecutivo y la conducción de la Junta de Gobierno de la ANR. Mirando el devenir, es saludable privilegiar esa mayor racionalidad que descansa en temas que aseguran administraciones eficientes en las diferentes intendencias como en el gobierno central.
Ya observando a nivel nacional, se debe asumir una responsabilidad en proteger el crecimiento económico experimentado últimamente, ya que es la base material para hacer realidad la transformación social que se requiere para una proyección con un futuro con menos quebranto.
La democracia política iniciada en 1989, hoy con una interesante coyuntura económica, debe dar el paso para una mejor atención al tema social. Eso debe ser entendido como privilegio a la salud y la educación pública, por citar dos de los desafíos cruciales.
Debe instalarse en la agenda nacional que es insuficiente hacer lo mismo de siempre. Es decir, una gestión burocrática que gasta su energía, mayormente, en los procesos electorales. Se precisan de líderes innovadores, creativos y hasta osados para encarar días que sean de beneficio para la población.
Se vive en una sociedad global donde el que no corre vuela. La sociedad debe responder si la nación está preparada para la competencia. De nuestro lado, como medio de comunicación, podemos afirmar que sí. Las dudas que existen son si los postulantes a cargos administrativos tienen las aptitudes requeridas para gobernar en el espacio que les toque.
Las condiciones del país sobran. Lo que se requiere asegurar, tras los comicios comunales y las presidenciales del 2028, es la integridad de un sistema político que sepa operar en y con consensos. Eso conlleva anteponer las coincidencias, y no perder tiempo —dogmáticamente— en diferencias que no conducen a nada positivo.


