Resultan trascendentes los datos oficiales que indican que las mipymes dispararon en ventas y que suman nuevo capital. Lo es porque es el ecosistema de negocios que oxigena la economía siendo transversal a los estratos sociales por su real poder de efecto derrame.
Las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) generan aproximadamente el 70% del empleo formal e informal en todo el país. Impulsan el movimiento social al dar sustento directo a cientos de miles de familias paraguayas.
Otro foco relevante es que constituye la columna vertebral de la producción nacional, tanto en el espacio urbano como en el rural. Abarca, con la misma actitud y aptitud, los rubros de comercio, servicios y pequeña industria.
Es grato saber que actualmente existe un respaldo estatal desarrollado en planes de capacitación, crédito y acceso preferencial a compras públicas desde el Viceministerio de Mipymes. Eso potencia la competitividad dentro de un mercado exigente.
Según el Ministerio de Industria y Comercio (MIC), a través de los centros de desarrollo empresarial (SBDC, Small Business Development Centers), en un período de seis meses, las más de 880 mipymes que recibieron asistencia técnica incrementaron en conjunto sus ventas en G. 2.043 millones.
Lograron acceder a inyecciones de capital que superan ampliamente los G. 13.350 millones. Estos recursos, sumados a las capacitaciones, facilitaron que el sector genere nuevos puestos de trabajo. Actualmente funcionan tres sedes: Ciudad del Este, Encarnación y Caacupé.
La gratitud pasa, igualmente, por reconocer que detrás de ellas se ejecutan modelos internacionales, como los de la agencia estadounidense USAID y la Misión Técnica de Taiwán (Taiwán ICDF). La meta es clara: formalización, crecimiento, sostenible y la rentabilidad.
La Tribuna, todos los días, dedica su página 3 a mostrar a la gente sacrificada dentro de las micro y pequeñas empresas. Es una decisión editorial en adhesión a dicho sector social por su capacidad de producir empleos que distribuyen dinero entre manos trabajadoras, por lo que es –hoy por hoy– una de las mejores vacunas contra la pobreza.


