Las palabras del presidente de Brasil, Lula, fueron propias de una estupidez al olvidar que Brasil fue el que causó el mayor volumen de muertes al masacrar a mujeres y quemar hasta a niños de Acosta Ñu. Fue el que movilizó a aproximadamente 150.000 hombres, superando a los contingentes de Argentina y Uruguay, para liquidar al 80% de los varones.
El párrafo anterior sintetiza el papel de Brasil en la Guerra de la Triple Alianza en que la meta fue acabar con nuestro país. Por tal motivo, en su discurso de la semana pasada apuntó que “un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil”, al recordar aquel genocidio que resultó fuera de lugar.
Al pretender hacerse de la víctima tocó una herida que los paraguayos, con estoicismo y con espíritu de paz, están logrando sanar y levantarse de sus cenizas. Eso se está haciendo trabajando e incluso recibiendo con los brazos abiertos a miles de brasileños, y encima sin reclamar la legitimidad sobre las tierras robadas por los invasores.
Cabe el término cachafaz, que en el uso coloquial describe a una persona pícara, descarada, sinvergüenza o desvergonzada. También se refiere a alguien irresponsable e informal. Es que Paraguay, luego de su destrucción en masa, con dignidad, ofreció a su propia capital años atrás saqueada, Asunción, como epicentro de la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur) junto con sus agresores.
Él sabrá sus explicaciones. Puede ser parte de la campaña electoral, tal vez para tapar el fracaso de su país en la Copa del Mundo, por cierta envidia a la macroeconomía de una nación pequeña como Paraguay. O fue una indirecta a los Estados Unidos ante las tensiones comerciales y cortocircuitos diplomáticos que tiene con esa poderosa nación.
Ni siquiera se justifica como argumento para conseguir la inversión en sus Fuerzas Armadas, pues defendió el gasto en el ejército al señalar que hay “locos en el mundo que quieren guerra” (¿quién es el loco?). Realmente, como mínimo, no estuvo en su mejor día. Aunque parezca difícil, lo lógico es algún pedido de disculpas por su exabrupto.
Los propios especialistas brasileños saben que su mandatario omitió el contexto inicial de la guerra y dirigió una versión parcial y sesgada de lo que sucedió en la Guerra Grande. Para nosotros, más que desacertada, es equivocada con cierto determinado fin —que no sabemos—, pero que realmente orilla la malicia.
Ciertamente, Lula es un circunstancial. Igualmente, se insiste en la rectificación de sus dichos, ya que estamos hablando de un crimen internacional cuyo objetivo fue acabar con una República, que gracias a la entereza de lo poco que quedó de su población diezmada consiguió, de nuevo, ponerse de pie.
Así como hace unos días editorializamos el crecimiento del comercio entre Paraguay y Brasil y que ese vínculo empuja hacia una economía global, no podemos dejar de señalar la torpeza natural o de actuación de Lula. Fue propia de una estupidez al ignorar el perjuicio que hizo Brasil, sin que esa navaja tripartita en el alma de la patria deje en el corazón de la sociedad paraguaya encono y odio, pero que sí reclama respeto a la historia.


