El crecimiento del comercio entre Paraguay y Brasil se percibe en las zonas fronterizas. Sin embargo, el auge de la movilización económica precisa asegurar la agilidad en la libertad de intercambio de bienes y servicios. Eso especialmente en las Tres Fronteras, y en el Puente de la Amistad de manera específica.
Además del tema logístico, por el espíritu de integración del Mercado Común del Sur (Mercosur), debe haber mayor flexibilidad en los controles. En este punto, el comercio y turismo, de ida y vuelta, espera que las debidas inspecciones no agreguen su grado de dificultad para el paso ágil.
La Asociación Comercial y Empresarial de Foz de Iguazú, del propio Brasil, considera que el comercio y el turismo forman parte de una misma cadena de desarrollo económico. Asegura que los beneficios se dan por las ciudades de Foz de Iguazú, Ciudad del Este, Presidente Franco, Puerto Iguazú y toda la región trinacional.
La nota –conocida desde la nación vecina– confirma que es improcedente poner en riesgo a sectores estratégicos por una excesiva burocracia en las supervisiones en el traslado de un lugar a otro. El clamor, que se da en ambos lados fronterizos, debe obligar a encontrar las soluciones para sostener la razón de ser del Mercado Común del Sur.
Hay que decir que el Puente de la Amistad quedó pequeño frente al volumen de personas y mercaderías que a diario lo cruzan. El flujo es cien veces mayor desde aquel tiempo de su inauguración, en 1965. Ciertamente, alguna mejora de resolución se tendrá con la habilitación diaria y normal del Puente de la Integración (Presidente Franco).
El congestionamiento revela una economía regional desarrollada. En esa pujanza hay puntos altos, como la expansión de las empresas maquiladoras, el aumento de las exportaciones e importaciones mutuas, la presencia de los compradores y las vacaciones de uno y otro lado, hechos que se destacan en este nuevo tiempo entre los dos pueblos.
Sin embargo, tampoco hay que ser ingenuos en desconocer la vigencia del crimen transnacional, mas eso merece un trato diferente, integral. Evidentemente, los controles deben hacerse, pero la gente que produce, que mueve el producto interno bruto (PIB) debe gozar del marco regulatorio eficiente para mover, en tiempo y forma, su libertad de trasladarse de un lugar a otro.
En esa sinergia de comprar y vender de un lugar al otro, y viceversa, y hasta de producir en conjunto, constituye parte de un proceso, incluso de un vínculo bilateral que empuja hacia una economía global en que los protagonistas están llamados a ser, si lo aprovechan, Paraguay y Brasil.


