Editorial

La Justicia debe elevar a juicio oral el caso Filizzola

No es coherente ni es sano pretender presentarse como ciudadano abanderado contra la corrupción y en contrapartida abusar de las chicanas negando a l…

| Por La Tribuna
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No es coherente ni es sano pretender presentarse como ciudadano abanderado contra la corrupción y en contrapartida abusar de las chicanas negando a la Justicia el derecho de investigar alguna presunta lesión de confianza. Al respecto, un ejemplo es el exministro del Interior Rafael Filizzola, cuyos dichos no se compadecen de sus actos.

El Ministerio Público le tiene imputado por supuestas irregularidades cometidas durante su gestión como ministro (2008-2011) en la adecuación y refacción edilicia de 24 comisarías del Área Metropolitana. Ya utilizó todos los recursos habidos y por haber para evitar poner la cara ante la Justicia.

Su letanía contra la corrupción cae en la contradicción cuando esquiva, una y otra vez, repetida y sistemáticamente, su propio proceso judicial. Su negativa a explicar qué pasó con el dinero destinado a las 24 comisarías rompe el principio básico de coherencia lógica y moral.

La falta de alineación entre sus palabras y propias acciones representa una desconexión política. Su comportamiento genera, como mínimo, desconfianza hacia su persona, pues es muy insistente en él la disonancia cognitiva y falta de credibilidad.

Su discurso cotidiano anticorrupción y el hecho de que siempre huya de la Justicia muestra una incongruencia, que en palabras explicadas es la conducta que va de contramano con lo que se expresa o lo que se busca dictar ante la opinión pública.

El de Filizzola es el retrato fiel de alguien que finge tener ciertos valores o intenciones morales, pero en la práctica actúa de forma totalmente opuesta.

Tal disonancia en su forma de ser puede estar obedeciendo a algún malestar o tensión interior, por eso sus acciones no encajan con sus propias creencias o convicciones que verbaliza por los medios de prensa.

El exigir un comportamiento que él mismo no acata se llama hipocresía. O en todo caso, demuestra un sesgo donde intenta aplicar reglas sociales que por ahí cree que no rige para sí mismo.

La Sala Penal de la Corte Suprema tampoco puede quedar atada ante sus chicanas, por lo que debe elevar el caso a juicio oral y público; tal vez así haya alguna sintonía con su repetido discurso en que se aclaren los hechos de corrupción.

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