Somos una nación que tiene su propia bebida, música, baile, comida, idioma; en fin, Paraguay es grande por su identidad inigualable. Eso se vuelve a reconfirmar al ser destacado el rico sabor tradicional del cocido quemado paraguayo por la prestigiosa guía gastronomía internacional TasteAtlas.
A dicha preparación artesanal y de arraigo, sumamos el tereré. Uno es la bebida del desayuno y merienda; el otro, el compañero en los días de calor. Ambos tienen como base otro elemento bien nacional (por más campañas de apropiaciones que hagan argentinos y uruguayos): la yerba es paraguaya.
Sobre este último punto no cabe la mínima discusión. Por algo su nombre científico es Ilex paraguariensis. Ya en las ilustraciones antiguas, históricas, figura y es conocida como yerba del Paraguay o té de los jesuitas. En idioma vernáculo se la denomina kaʼa.
También tenemos la polca y la guarania, en el espectro musical. La primera de origen y desarrollo en el país. La segunda es un género autóctono, creado en 1925 por el músico José Asunción Flores. La primera tiene el ritmo con temperamento vibrante y la segunda se destaca por su melancolía y romanticismo.
La gastronomía se basa en ingredientes nativos como el maíz, la mandioca y el queso. Entre los platos más emblemáticos se destacan la sopa paraguaya, el vorí vorí (elegido mejor sopa del mundo), el mbeju y la exquisita chipa. La lista es larga, por lo que dejamos que los queridos lectores agreguen otras delicias.
Ni hablemos del orgullo por tener el idioma oficial en medio de los pueblos hermanos del continente que solo poseen el heredado por los colonizadores (español, portugués e inglés). La lengua guaraní es indígena y representa la imagen oficial, incluso reconocida formalmente dentro del Mercosur.
Podemos ir añadiendo otros aspectos que configuran el Paraguay particular y diferente, pero volvemos con el cocido aprovechando que TasteAtlas lo definió como una receta culinaria. Su valor está igualmente porque se mantiene vivo en medio del marketing que bombardea el café, chocolatadas y té de diversas latitudes.
Si hace un mes el vorí vorí (o borí borí) fue considerada la mejor sopa en los ranking globales, hoy el cocido está presentado como una delicia bien paraguaya. Para más de uno, el cocido es el rostro de la abuela y la mamá invitando a degustarlo alrededor de la mesa familiar.
Tantos patrimonios tiene esta tierra de Sudamérica que la hace, con el paso del tiempo, más atractiva en una sociedad mundial que cede en la tentación y el disimulo por la sofisticación. Paraguay, al contrario, es justamente grande por sus costumbres llena de sencillez que sostiene, por eso mismo, la memoria colectiva de esta tierra con bandera roja, blanca y azul.


