Esas voces eran también de los propios alemanes derrotados, quienes paradójicamente inicialmente subestimaron al cuadro nacional. Luego se sumaron las de los franceses, a cuya selección enfrenta hoy la Albirroja.
Para la lógica de esa gente es posible que sea así. Lo que se debe distinguir nomás es que una cosa es jugar lindo y otra es jugar bien. Para nosotros, la selección respeta su tradicional forma de pararse en la cancha. Es decir, se mantiene en su característica de años.
Si el análisis se hace de forma exclusiva sobre el partido anterior, es categórico que Paraguay juega bien. Eso implica cumplir con todas las fases programadas por el director técnico y, principalmente, ser efectivo.
En el fútbol, por encima de la técnica o belleza futbolística, lo que en verdad importa es sacar el resultado. Para eso, probablemente sea más importante el cumplimiento cabal del modelo disciplinado de moverse en el terreno que hacer malabares para el deleite del público y parte de la prensa.
Además, si ponemos en consulta al público nacional el debate que se presenta en este editorial, suponemos que la mayoría de los paraguayos apostará por sacar el resultado favorable.
Finalmente, al concluir la competencia deportiva en un Mundial, en una instancia como la actual donde es vencer o morir, lo que se lleva al vestuario es el triunfo o la derrota. Por eso, ciento por ciento, sirve muchísimo más jugar bien y ganar que jugar bello y perder.
La Albirroja tiene la habilidad de saber defender su arco, recuperar la pelota, apostar al contragolpe y ser fino en el centro, cabeza y gol. Casi nunca sacó resultado satisfactorio apelando a la estética hueca y vacía.
Los alemanes ya sintieron los efectos del juego garra y corazón de Paraguay. Ante eso, que los franceses hagan su mentado y promocionado espectáculo visual, que la Albirroja apelará a su historia de siempre: orden, rigor físico y a esa alma guaraní que nunca se rinde, y que se agranda en la adversidad.


