Una rica herencia multicultural producto de inmigraciones y la integración diplomática de diferentes comunidades es parte del análisis que deja el exitoso Palmear Sin Fronteras. El sábado pasado, el microcentro capitalino se tiñó de color y brillo en una conjunción de hermandad global.
Representó un crisol cultural y la diversidad en el ambiente de paz que vive la República. Por ser una inteligente manera de mostrar la imagen país corresponde felicitar a los organizadores: la Oficina de la Primera Dama, la Dirección Nacional de Migraciones y la Asociación de la Movida del Centro Histórico de Asunción.
La gastronomía y el arte que se vivió en la famosa calle Palma confirmó, con hechos, la confraternidad entre nacionalidades de distintos continentes. Fue la concentración genuina en el corazón del sur de América, que así cobijó a una diversidad de extranjeros, sin ninguna discriminación y en absoluta disponibilidad para la ayuda, si necesario fuere.
El acontecimiento es la foto fiel de la hospitalidad nacional innata en eso de abrir los brazos hasta a lejanas nacionalidades y que reafirma lo grande que es la estirpe guaraní. Es un ejemplo que el mundo debe imitar, más aún partiendo de un pequeño poblado que soportó las dos guerras más grandes del continente (La Triple Alianza y la Guerra del Chaco).
El paraguayo y la paraguaya son la síntesis de una sociedad sana, que actúa con naturalidad, sin pizca de odios o enconos. Por eso, por miles que se repitan las campañas por fragmentar la paraguayidad, eso nunca será posible. La cohesión social es la personalidad y parte del carácter de una raza noble.
Esperamos que puedan repetirse o que continúe con mayor cercanía de tiempo el compartir sabores, música y artesanías de diversos países. Además de ser una forma de unidad, se permite así a los residentes y visitantes explorar el mundo sin salir de la propia ciudad.
Ya es un hábito en esta tierra latina la tolerancia y la inclusión, por lo que hasta resulta fácil la creación de espacios de encuentro donde no existen barreras culturales. Realmente es inspirador dicha reunión pacífica en una feria de más de 20 países en el marco de la Semana Nacional del Inmigrante.
Esa recepción al foráneo con buena vibra es una paraguayidad especial en el mundo. Es un pilar en ese conjunto de rasgos, valores, historia y costumbres que conforman la identidad nacional. Es la forma de ser de un pueblo que siente, piensa y actúa tendiendo la mano por su propia raíz e historia mestiza incluyente.


