La paraguayidad está más viva y fuerte que nunca. Eso se confirma con las exitosas actividades que recordaron la independencia lograda el 14 y 15 de mayo de 1811. Lo mejor fue el protagonismo de los jóvenes, quienes mostraron orgullo por la historia y una identidad basada en esa esencia única dentro de la cultura bilingüe.
Emociona que una mayoría ciudadana haya festejado con fervor y de manera pacífica las Fiestas Patrias. El desfile militar, el tedeum, el bullicio juvenil por el centro de Asunción y la cultura expuesta frente al Cabildo mostraron un sincero amor a la patria.
Ver a la multitud gozar con genuina alegría, que se extendió en buena parte del territorio, revela conocimiento e implica que se sintió en la piel que el amor al Paraguay no es un sentimiento ciego ni superficial, sino que nace del conocimiento de las raíces.
Enhorabuena, la decisión gubernamental de unir los actos cívicos militares y así como sociedad sea comprendido el ser nacional y, sobre todo, que la generación juvenil (acosada por el bombardeo de la globalización) comprenda lo que tiene como herencia y sepa que le corresponde dar su aporte para proteger la esencia paraguaya.
Insistimos en rescatar, porque eso es un capital humano tremendo, la altivez de los jóvenes que desfilaron igualmente por los principales centros urbanos del interior; el respeto que tuvieron hacia el himno y la bandera nacional. En los actos musicales, además, claramente, estuvieron presentes la guarania y la polca.
Por encima de unos pocos amargos que hacen el esfuerzo por manosear, deteriorar o destruir el patriotismo, lo que se observó en la semana es la confirmación de que esos indebidos despropósitos nunca serán posibles.
Emociona el fuerte sentido de pertenencia a la sangre guaraní. Ese sentimiento hay que sostener y, en especial, trabajar sobre ello para asumir que la patria, ciertamente, es más que la bandera o el himno; es la comunidad que comparte ideales y representa esa comunión en unidad sentida en toda la República.
Es que el buen paraguayo y la buena paraguaya saben dimensionar el rico y heroico pasado, y además, dan valor al sacrificio de quienes forjaron inicialmente el país. Reconforta la conexión que hubo con las tradiciones, a esto se suman la gastronomía y el idioma, porque, todos en su integridad, potencian la autoestima.
Otro punto a destacar es que, entre miles y miles de personas, no hubo un solo acontecimiento desagradable. Las actividades organizadas en Asunción y en diferentes municipalidades se destacaron, además de la pasividad, por la civilidad y lo folclórico.
La Tribuna felicita a esa juventud que tiene en su alma al Paraguay. Ciertamente, la patria es el territorio donde uno nació, pero en especial es abrir el corazón al legado de los antepasados y con responsabilidad construir una nación más próspera para las próximas generaciones. Esa esperanza existe, porque hay una juventud que ama su país, y eso significa reconocer la identidad y comprometerse a trabajar por el bienestar nacional.


